San Jerónimo: patrón de la traducción

Jerónimo de Estridón fue un estudioso que vivió en la Roma del siglo V y dedicó gran parte de su vida a traducir la Biblia del griego y el hebreo al latín.

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El Día Internacional de la Traducción se celebra cada año el 30 de septiembre, fecha en que se conmemora el fallecimiento de Jerónimo de Estridón, traductor de la Biblia y santo patrono de los traductores.
El 30 de septiembre se celebra el Día Internacional de la Traducción, una jornada dedicada a reconocer el valioso trabajo que hacen los traductores.

Algunos dicen que la traducción es la profesión más antigua del mundo, porque desde que los seres humanos procedentes de diferentes lugares han sentido la necesidad de comunicarse, han requerido ayuda para entenderse.

Se espera que con la celebración de este día cada vez más personas sean conscientes de la importancia de la figura del traductor: no solo de los traductores profesionales, sino también de los traductores en el alma, traductores en potencia, futuros traductores y otros usuarios con vocación de traductores o devoción por el oficio de la traducción.

La celebración ha sido promovida por la FIT (Federación Internacional de Traductores) desde su creación en 1953 y en 1991 la FIT lanzó la idea de un Día Internacional de la Traducción oficialmente reconocido para mostrar la solidaridad de la comunidad de traductores en todo el mundo

Para celebrar este día, la FIT eligió el 30 de septiembre, que no por casualidad es San Jerónimo de Estridón, considerado el patrón de los traductores.

Jerónimo de Estridón fue un estudioso que vivió en la Roma del siglo V y dedicó gran parte de su vida a traducir la Biblia del griego y el hebreo al latín. Esto permitió que los romanos pudieran entender las Sagradas Escrituras, porque San Jerónimo las tradujo a la lengua “vulgar”, es decir, el latín que hablaba la gente. Por eso su traducción de la Biblia se conoce como la “Vulgata” y ha sido el texto oficial de la iglesia católica hasta 1979, cuando se aprobó una nueva versión revisada.

Más adelante Jerónimo se va a vivir en Belén, donde trabajó por el bien de la Iglesia y ayudando a los necesitados. Es autor de una gran cantidad de obras, en especial de comentarios de la Sagrada Escritura.

Se cuenta que una noche de Navidad, después de que los fieles se fueron de la gruta de Belén, el Santo se quedó allí solo rezando y le pareció que el Niño Jesús le decía: "Jerónimo ¿qué me vas a regalar en mi cumpleaños?". Él respondió: "Señor te regalo mi salud, mi fama, mi honor, para que dispongas de todo como mejor te parezca". El Niño Jesús añadió: "¿Y ya no me regalas nada más?".

El santo al oír esto se echó a llorar de emoción y exclamaba: "¡Loco tienes que estar de amor, cuando me pides esto!". Y se dio cuenta de que lo que más deseaba Dios que le ofrezcamos los pecadores es un corazón humillado y arrepentido, que le pide perdón por las faltas cometidas.

Retornó a la Casa del Padre el 30 de septiembre del 420 y su fiesta litúrgica es una de las razones por las que en este mes se pone énfasis en la Iglesia para profundizar en el amor a la Biblia.



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