Mientras leía un informe sobre tendencias laborales y subrayaba una frase que decía que “el trabajo necesita ser redignificado”, pensé en varios profesionales que conozco en mis contextos laborales. No estaban en esa página, pero estaban en mi memoria: talentosos, visibles, activos en redes, encadenando proyectos. Cerré el documento y me hice una pregunta incómoda: ¿de qué sirve que el trabajo tenga narrativa de propósito si no garantiza condiciones básicas de estabilidad? Esa tensión entre discurso y realidad no es teórica. Es cotidiana, concreta y medible.
El informe “Redignifying Work 2025” plantea una revisión profunda del significado del trabajo más allá del salario. La tendencia global reconoce que las personas ya no evalúan su empleo únicamente por ingresos, sino por estabilidad, propósito, bienestar y reconocimiento. Sin embargo, también advierte una tensión creciente entre el discurso empresarial del propósito y la realidad laboral fragmentada. En Colombia, esta tensión es evidente: convivimos con economías creativas en expansión, plataformas digitales que intermedian ingresos y una tasa histórica de informalidad que, según cifras oficiales del Dane, ha superado el 50% en varias mediciones recientes. La pregunta no es retórica; es estructural.
Esta situación implica que millones de trabajadores —independientes, por cuenta propia, temporales o contratistas— quedan sin protección ante enfermedad, cesantías o pensiones obligatorias. La tasa de informalidad se ha mantenido persistente en torno a esa barrera en los últimos años, incluso cuando se redujo el desempleo general. Analizo cómo muchas organizaciones hablan de cultura, propósito y flexibilidad, mientras trasladan riesgos al trabajador independiente. Repartidores que asumen costos de transporte y seguridad. Creadores de contenido que dependen de algoritmos cambiantes. Jóvenes profesionales hiperconectados que trabajan por proyectos sin prestaciones sociales. No afirmo que toda modalidad flexible sea precarización; sería impreciso. Sí sostengo que la visibilidad digital no equivale a dignidad laboral. Tener presencia, seguidores o contratos temporales no sustituye seguridad social, ingresos previsibles ni posibilidades reales de desarrollo.
En el Caribe colombiano esta discusión tiene un matiz particular. Santa Marta y otras ciudades de la región combinan turismo, economía informal, emprendimientos culturales y empleo público. Muchas familias dependen de ingresos variables y trabajos por temporada. Cuando el discurso corporativo sobre propósito no se traduce en contratos claros, pagos justos y protección social, se produce una brecha de confianza. Y la confianza, en cualquier territorio, es un activo estratégico. Sin ella, no hay reputación sostenible ni liderazgo creíble.
Si una empresa declara que su gente es el centro, debe demostrarlo en políticas de contratación, esquemas de compensación y transparencia en expectativas. Si el Estado promueve economía digital y creatividad, debe revisar marcos regulatorios que protejan sin asfixiar la innovación. Reconozco que la transición laboral global es compleja y que no existen fórmulas únicas. Pero también sé que normalizar la inestabilidad bajo el lenguaje del emprendimiento perpetúa desigualdades.
Hacia adelante, veremos una presión creciente para redefinir las prospectivas del trabajo en Colombia. Las nuevas generaciones exigirán mayor equilibrio entre autonomía y seguridad. Las empresas que integren flexibilidad con protección social tendrán ventaja competitiva real. Las que ignoren esta conversación enfrentarán rotación, desconfianza y desgaste reputacional. Imagino un escenario donde el trabajo digno no dependa del tipo de contrato sino de estándares mínimos compartidos: ingreso justo, cobertura en salud y pensión, formación continua y reglas claras. Ese horizonte no se construye solo desde decretos ni desde discursos motivacionales. Se construye con diálogo entre sector público, privado y ciudadanía. Convoquemos a líderes empresariales, autoridades locales y trabajadores independientes a participar activamente en esta conversación y a exigir que el trabajo en nuestra región y en Colombia no sea solo visible, sino verdaderamente digno.
Comunicador corporativo. Me encantan los viajes, el minimal techno, la cultura glocal, la tecnología inmersiva y los negocios inteligentes.
Columna: Palabras más, Palabras menos
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