Alta Guajira región mirada con miopía

Columnas de Opinión
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La Guajira es una región alejada de los privilegios que el país le pueda concederle, al país le consta y sabe porque le consta que desde hace más de una década los niños de su territorio padecen a causa de la deshidratación y hambruna, sin embargo, a los mandatarios han hecho caso omiso al flagelo que con urgencia necesita pronta solución.

El caso es tan grave que el índice de mortandad que se registra en alta Guajira. es superior al que hoy graban en los libros los funcionarios que se encargan de llevar las estadísticas de los destrozos que han causado la deshidratación y hambruna en todo el país. La adipsia es el peor enemigo que azota a la región, sin que es Estado se inquiete por aniquilarla.


El departamento de La Guajira que le ha concedido sus recursos a la totalidad del país aún no ha podido salir del desamparo y de la escasez en que lo han sometido. La alta guajira carece de carreteable le sirvan de consuelo para simplifica los tormentos en que padece cuando por trocha se traslada de un lugar a otro.

Solo dos mil trecientos kilómetros cuadrados de extensión pueden tener esta región de área, en toda su extensión no se encuentra una estación de servicio en el que se pueda abastecer de combustible, este líquido hartamente peligroso es transportado desde Venezuela en calambucos plásticos llamados pimpinas con capacidad de veinte litros. Debido a su peligrosidad es más el beneficio que prestan a la nación, que el daño que le puedan ocasionarle por evasión de impuesto.

A pesar de todos los tormentos en que nos encontramos, el Estado sigue viendo con miopía los auxilios que puedan prestar a la región, mientras que aquellos que por más de cinco décadas han engendrado solo trastorno al país, aquellos vociferadores frenéticos, los verdugos de ayer, todavía teñidos con la sangre de nuestros hermanos y cubiertos con los despojos del secuestro y de la extorción, son traídos a las Cámaras de nuestras legislaciones y aplaudidos como apóstoles.

Dieciséis curules le fueron entregados para que hagan leyes para la construcción de la paz y tratar de apagar el incendio que ellos mismos acabaron de incendiar.

Es una falta a la moral para el país que los cabecillas revolucionarios, los autores de tanto crímenes, los que han dejado en los suelos de Colombia a más de cien mil cadáveres insepultos, jactándose de impunidad y escudados con aquella clemencia criminal, impasible ante los sollozos de los huérfanos y ante la justa indignación de nuestros soldados, se pasean osadamente por los pasillos de nuestros pabellones legislativos, se pasean por las calles de nuestra capital, se recorren de uno a otro extremo nuestra nación, afanados en aumentar los caudales atesorados en medio de la matanza, y viendo cuán ilimitada es la clemencia y cuán lucrativa aquella sangrienta granjería, se perciben ya no en las selvas de Colombia si no en Bogotá a la luz meridiana, para nuevas depredaciones que serán ocasiones para nuevas benignidades.

Los enormes crímenes cometidos por más de cincuenta años consecutivos no solo han quedado en la impunidad, sino que ha puestos a sus actores en las más apetecibles condiciones.

Mientras que el indio guayú que jamás ha disparado contra la humanidad de un funcionario estatal, que jamás ha sido un tropiezo para la República, no ha sido jamás un peligro a la unidad nacional, ni un desvelo para el poder, no ha engendrado tropiezo para el progreso de Colombia. A ese, si le niegan recursos y los alejan de los privilegios que les han podido concebir y les importa un bledo en la humillación en que puedan quedar.

Esta humilde región que le ha dado al país, carbón, gas domiciliario, sal marina, más de trecientos kilómetros de costa, le ha dado a la nación todo lo que tiene, todo lo que posee y en recompensa solo ha percibido que sus trastornos sean mirados con miopía.  

 
Columna de Opinión e-mail: jaiisijuana@hotmail.com