La nueva estoa

Columnas de Opinión
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No diré que carece de mérito el intento de insuflar de filosofía a la búsqueda del poder en todas sus formas, siempre que ello se entienda como un convite para la significación de esa actividad por definición mundana, y no como un plan para blanquear actividades que no son necesariamente presentables ante una parte de la sociedad, la más sensible, o incluso ante la propia conciencia. Pero últimamente se atisba una consentida opacidad desde la profusión de publicaciones dirigidas a enseñar, por ejemplo, a personas de negocios o políticos, a ser “estoicos”. ¿Pues cómo podría practicar el verdadero estoicismo quien está en búsqueda de, precisamente, aquello que es contrario a una escuela que proclama la renuncia al control de lo incontrolable como su forzosa metodología?


Según recuerdo, los estoicos originales no requerirían imponerse en el mundo material para alcanzar la felicidad, ya que su victoria de fondo vendría a ser el logro de la paz mental, que es algo que sencillamente les debería satisfacer más que cualquier resultado exterior. En ese orden de ideas, si alguien pretende dirigir una empresa, una campaña política o un país, con toda seguridad no podrá dedicarse a la contemplación sistemática con que aquellos griegos de la Antigüedad organizaron su existencia para estar tranquilos. A lo sumo, ese líder hipotético podría aspirar a mantener la calma en medio de las presiones cotidianas, lo cual es sin duda saludable, se tenga poder o no, pero entonces convengamos en que no hablamos de la misma cosa. Ser un estoico real iría más allá.

Si no estoy mal, esta corriente de pensamiento se humanizó no poco cuando llegó a Roma (o sea, cuando, en la última parte de la Edad Antigua, Roma invadió a Grecia, pero esta influyó más en aquella que al revés), y el político romano Séneca la prohijó y adaptó a su trabajo, con lo que la volvió más práctica de lo que ya era. Así, por ejemplo, el jurista nacido en Andalucía dictó sentencias tan útiles como esta: “El primer arte que deben aprender los que aspiran al poder es el de ser capaces de soportar el odio”. ¿Cómo contradecirlo? Ciertamente, hay que meter la sangre al congelador para apenas tolerar a cierta gente y no perder la cabeza mientras tanto. Por lo demás, es una lástima que Nerón lo haya obligado a suicidarse, y que Séneca no esperara a la muerte con mayor paciencia.

Aunque en esa Roma se consiguió aterrizar al estoicismo griego, este no dejó de ser un ideal demasiado elevado para nuestra frágil humanidad compartida. Hoy, que nuevamente se pone de moda la cuestión de alcanzar la virtud mediante una férrea disciplina, es importante recordar que la promesa de la serenidad individual, no obstante ser cumplible, debe descontaminarse de las falsas expectativas para no convertirse en una entelequia: será inevitable que alguien que deba tomar decisiones difíciles, y ejecutarlas, se preocupe de más. Entenderlo es simple realismo, componente del estoicismo base. En últimas, como sugería antes, a lo mejor lo que se vende actualmente, aunque con otra etiqueta, son las mismas viejas técnicas de relajación o de meditación, fundadas ahora en un punto clave del estoicismo, que sin dudas sería aprender a aceptar el dolor como parte de la vida.

 
Columna: Toma de Posiciones e-mail: tramosmancilla@hotmail.com Twitter: @TulioRamosM