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Columnas de Opinión
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Hace poco me pasó algo revelador: revisaba Instagram como parte de mi rutina diaria —siguiendo a académicos, influenciadores periodistas y creadores que respeto— y noté que, pese a mis hábitos de lectura, esta red social se había transformado en mi fuente habitual de información y aprendizaje.  En carruseles, hilos y videos encontré análisis concisos, datos recientes y voces expertas que antes buscaba en artículos extensos.  Confieso que me convertí en seguidor entusiasta de contenidos de alto valor intelectual y que ese hallazgo cambió mi forma de informarme y de actuar en mi ecosistema profesional.


Yo creo que llamar a las redes “la nueva televisión” no es una metáfora: es una constatación estratégica.  Las plataformas concentran audiencias masivas, aceleran agendas públicas y permiten interacción directa; aportan velocidad y pluralidad que la televisión tradicional no puede igualar.  Sin embargo, operan por incentivos distintos: priorizan la atención y la emoción sobre la verificación sistemática. Mi posición es aprovechar la velocidad y la diversidad sin renunciar a estándares editoriales, procesos de corroboración y responsabilidades públicas; velocidad sí, ligereza informativa no.

Las cifras recientes confirman la magnitud del fenómeno: el informe Digital 2025 reporta 36,8 millones de identidades en redes en Colombia y 5,24 mil millones a nivel global, con un crecimiento anual cercano al 4,1 por ciento.   El Reuters Institute Digital News Report 2025 muestra que el consumo de video social para noticias ha crecido de forma sostenida y que, en varios mercados, las redes superan ya a la televisión como fuente principal. El columnista colombiano Mauricio Vargas ha señalado que “las redes permiten conversar de formas antes imposibles”, y también advierte sobre el riesgo del deterioro de la conversación si no fomentamos normas claras de conducta y verificación.

Para nuestra región esto tiene consecuencias prácticas e inmediatas: relatos locales, denuncias ambientales y alertas ciudadanas pueden difundirse en horas y generar respuesta pública rápida, lo que aumenta la capacidad de incidencia ciudadana.  Pero el departamento también puede ser blanco de rumores virales y de desinformación que distorsionan prioridades y dañan reputaciones.  Estoy seguro que la ventana estratégica es convertir la viralidad en servicio público, mediante contenidos explicativos, documentación verificable y canales oficiales activos que dialoguen con la comunidad. También es urgente invertir en capacitación ciudadana para identificar fuentes fiables y reportar pruebas.

Propongo un plan operativo y mensurable: crear una red regional de curaduría que reúna a periodistas, académicos, empresarios y líderes culturales; implantar una plantilla de verificación de sesenta minutos para piezas críticas; publicar un boletín semanal que resuma lo verificado para autoridades y ciudadanía; y capacitar a comunicadores locales en producción móvil y documentación de prueba primaria. Además, recomiendo definir indicadores claros: porcentaje de contenido verificado, tiempo medio de corroboración, alcance de piezas explicativas y nivel de interacción constructiva.  Finalmente, asignar pequeños presupuestos colaborativos para iniciativas de verificación y alianzas público-privadas; esos KPIs y recursos permitirán evaluar impacto, asignar esfuerzos y mejorar procesos.

El escenario es ambicioso y realizable: en diez años imagino redes como espacios mixtos de información, aprendizaje y economía cívica, con feeds hiperpersonalizados, marcas de procedencia verificable y herramientas inmersivas que integren audio, video y datos en tiempo real.  Visualizo un Magdalena más resiliente, capaz de responder con eficacia a emergencias ambientales, fiscalizar proyectos públicos con evidencia y exigir transparencia gracias a mecanismos digitales de comprobación.  Diversos expertos y organizaciones dedicadas al análisis de los ecosistemas digitales insisten en acciones simples y posibles: seguir fuentes locales confiables, compartir información con criterio, exigir transparencia a quienes toman decisiones, fortalecer iniciativas comunitarias y participar en los espacios donde se discuten los asuntos públicos.  Son pasos concretos que ayudan a robustecer la conversación cívica y la responsabilidad informativa en nuestra región.

 

Comunicador corporativo.  Me encantan los viajes, la música electrónica, la cultura glocal, la tecnología inmersiva y los negocios inteligentes.

 
Columna: Palabras más, Palabras menos e-mail: tandemcomunicacionfutura@gmail.com