Al sumar da cero

Columnas de Opinión
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Se ha escrito que el a menudo menospreciado juego de las damas tuvo su origen remoto en Mesopotamia, donde presuntamente se le concibió hace 5.000 años de forma reducida y se le llamó “alquerque”; también se ha dicho que en Egipto, cerca de un milenio después de construidas las pirámides, hubo quienes se recrearon con la aún rudimentaria cuadrícula de captura del oponente, a pesar del tiempo pasado entre los períodos originarios señalados, y de los más de 1.300 kilómetros de distancia desértica que separaban a los asentamientos de las civilizaciones mesopotámicas del valle del río Nilo. Esto quizás ubica a la difusión del alquerque menos como hija de la proximidad del mar Mediterráneo, y más como fruto de posibles influencias habidas en la llamada “Medialuna fértil”.


El punto de contacto de las damas con el Mediterráneo y Europa se puede ver en el siglo XII después de Cristo, cuando el alquerque llegó al sur de Francia, se ignora si con ocasión de las Cruzadas. De ser así, ello significaría que, mientras los cristianos luchaban contra los islamistas para recuperar Tierra Santa, estos debieron de compartir su conocimiento milenario (¿heredado de Mesopotamia?) en materia de estrategia militar lúdica y miniaturizada. Aunque en tiempos de las Cruzadas no se dieron intentos árabes por hacerse con las costas sureuropeas, como antes sí los hubo, no es casual que en esa misma época se conociera el álgebra en Europa, desde las traducciones árabes del persa. ¿Arribaron acaso las damas en uno de los barcos que volvían de hacer la guerra religiosa?

Ahora bien, más allá de si las Cruzadas fueron una empresa por hacer retroceder a los musulmanes (ante el eterno riesgo de una invasión del continente a punta de alfanje), que de rebote colonizó a los europeos, estos le encontraron gracia al alquerque, al punto de adaptarle el tablero del ajedrez y de, con el tiempo, incluso hacerlo digno de estudio científico. Como lo dijo en su libro An Introduction to the Game of Draughts, de 1756, el matemático inglés William Payne, en referencia a los ejemplos de partidas de damas por él citados en tablas de movimientos, las “situaciones críticas” de la disciplina la hacían, “en algunos respectos”, casi igual que el ajedrez. Sin embargo, a día de hoy se sigue considerando al inocente juego de damas muy poco sofisticado en relación con este último.

Pues algunos creen que la guerra no está representada completamente con el moderno alquerque: las “dames” francesas, las “movidas” británicas…, dada su aparente simpleza. Nada más alejado de la realidad. Como en el ajedrez, si bien puede haber sobrevivientes de ambos contendientes, siendo los dos juegos de suma cero en esencia, a fuerza tiene que perder un jugador para que el otro gane; lo que implica que, detrás de cada empate, siempre habrá alguien que desperdició la oportunidad de triunfar, es decir, un derrotado. Pero difieren en que el ajedrez es prefabricado, y las damas, una inspiración reglada. La intención de atacar, como la de los cruzados, termina evidenciándose en el ajedrez: he ahí la defensa activa; en cambio, en el juego de las damas habitualmente vence el que, con veneno, permite la invasión de su esfera y así determina paso a paso las maniobras del contrario.

 
Columna: Toma de Posiciones e-mail: tramosmancilla@hotmail.com Twitter: @TulioRamosM