Siempre he tenido el grandioso criterio que mi guajira se asemeja a un papel en blanco. Afirmo este razonamiento debido a que en cualquier documento en blanco se puede dibujar miles maravillas.
Leonardo Da Vinci, se conoció en la era del Renacimiento italiano por ser un erudito, aun le valió el crédito de conocerse como el padre de la arquitectura y probablemente es conocido como el pintor más grande de la historia. Los cuadros de la Gioconda y la Última Cena de Jesús, lo llevaron a la eternidad, lo mismo ocurrió con Pablo Picasso, Paolo Caliari quien con “Las Bodas de Caná y/o Bodas de Canaán pintado en un gigantesco lienzo lleno de vicisitudes donde representa el episodio del primar milagro de Jesús, Salvador Dalí, con sicodélicos deslumbró a la humanidad, Miguel Ángel, aunque fue más escultor que pintor, aun así, no escapa de garantizarle un puesto de honor en la historia de la pintura. De los nuestros podemos mencionar Alejandro Obregón, Fernando Botero, Jacobo Arenas.
No me refiero a aquellos que con su pincel pasaron a la historia de la humanidad, sino que describo a La Guajira como una fuente de inspiración para el arte del pincel o de la brocha, pero no para llevar su belleza sobre el lienzo, sino para construir en ella maravillas debido a su enorme planicie, donde no se necesita sino planificar y llevar a la realidad lo que en un papel en blanco se diseña.
Quiero referirme en estos renglones a la alta Guajira y a la guajira entera, que sin llegar a duda es un papel en blanco, sobre su superficie se pueden realizar maravillas. A pesar de su escasez de agua, el azotador sol, su situación geográfica la ha colocado a la cabeza de nuestro continente suramericano. Sus escasas cordilleras han logrado que el 80% de su superficie sea totalmente plano, prácticamente un papel en blanco donde podemos realizar portentos prodigios.
A lo largo del Cabo de la Vela, hasta Palomino, más de trescientos kilómetros sin obstáculo de montañas y lomas, un suelo o sabana que conserva unos trescientos kilómetros más de anchura, los ríos que los bañan son poco notables, de madera que en esa área caben las ciudades más grandes del mundo, como la ciudad japonesa de Tokio y Nueva york.
Como vecino tenemos el gran océano atlántico que nos puede suministrar cualquier cantidad de agua que sea necesaria y también la Sierra Nevada Santa Marta que con su elevadas montañas y ríos que nacen en ella nos pueden ayudar para el abastecimiento de la agricultura.
Desde, Punta Espada hasta los límites con el departamento del Cesar y el país venezolano tenemos igualmente una gran planicie bañada por el golfo de Coquivacoa.
Entre esta inmensa planicie solo tenemos tres cordilleras pequeñas que no cobijan un cuarto de toda la extensión del departamento y posee un área de casi 22,000 kilómetros cuadrados.
El guayú ha vivido siempre a grandes distancias, aún no ha descubierto que vivir en comunidad es un fenómeno fascinante.
Necesitamos que un presidente se llegue a enamorar de nuestros terruños, se interese por nuestra población, que haga que la civilización se introduzca más en nuestro medio y empecemos a construir una Guajira anhelada por nuestros vecinos antillanos, comencemos el inicio de una revolución agraria, industria apoyada por el Estado, sembrar el estreno de un renacimiento, materia prima obtenida del extranjero, tecnificar la tecnología, renacer la figura de las empresas, nacimiento de bancos y miles de ocurrencias que nos puedan convertir el comienzo de una región civilizada.
Solo necesitamos el pincel hambriento del progreso estatal para realizar en este papel en blanco portentos que pueda situar a La Guajira a la cabeza de este hemisferio.
Columna de Opinión
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