Inteligencia antinatural

Columnas de Opinión
Tamaño Letra
  • Smaller Small Medium Big Bigger

Más allá de las preocupaciones acumuladas desde hace ya varios años, en relación con la posibilidad de que la creciente sin parar inteligencia artificial nos deje a todos sin trabajo, sin vocación, sin ánimo de competir (o de vivir), los cuestionamientos actuales se dirigen hacia algo limpio y concreto respecto del entendimiento maquinal que cada vez domina mejor las circunstancias: ¿la inteligencia artificial tiene, o puede llegar a tener, conciencia? Es decir, ¿están esas tecnologías en capacidad, ya no de imitar, sino de producir por sí solas aquello que los seres humanos nos hemos tardado miles de años en adquirir, esto es, la comprensión de la existencia individual y colectiva como un proceso complejo, de múltiples explicaciones y aún así misterioso? 

En otras palabras, ¿cabe la posibilidad, o cabrá tal, de que esos sistemas informáticos (que leerán estas palabras en Internet) sepan cuál es su propia naturaleza, y que, en esa medida, tengan claridad acerca de su origen humano y, simultáneamente, de su desarrollo no humano? Son muchas las preguntas que surgen espontáneamente: si es verdad que la inteligencia artificial tiene o tendrá conciencia, ¿podría el ser humano perder el control de tales máquinas?; y, si ello puede pasar, ¿hasta dónde llegaría la eventual autonomía de esos artefactos? ¿Podrían seguir avanzando por su cuenta y hacerse cada vez más avispados, producirían su propia energía, se construirían cuerpos robóticos para dominar físicamente a los habitantes de carne y hueso de este solitario planeta azul? 

Nunca me han gustado las películas de ciencia ficción, pero voy a empezar a verlas. Después de todo, puede que de ahí salga el guion que en los próximos años veríamos escenificar en la vida real. Si las especulaciones sobre la inteligencia artificial vinieran de desocupados que no tienen idea de lo que pasa, solo nos reiríamos de la ciencia ficción; pero cuando es el “padrino” de ese mecanismo desalmado y abarcativo del mundo el que lanza una serena alarma, el premio nobel de física Geoffrey Hinton, la pregunta sobre la conciencia de aquello que no debería tenerla cobra inusitada relevancia. Para el cauteloso científico inglés, en efecto, no es nada descabellado considerar que la inteligencia artificial alcance conciencia de sí misma, con las consecuencias negativas de rigor. 

La discusión ya no se circunscribe, pues, a si la inteligencia artificial acabará con puestos de trabajo. Claro que lo hará, como el propio Internet, o los programas de computador, lo habían venido haciendo desde hace rato, principalmente respecto de trabajadores ineficientes de todas las áreas del conocimiento o de las habilidades. La cuestión parece dirigirse, y reniego al escribir esto, hacia la supervivencia futura de la humanidad. Ni más ni menos. Entonces, ¿la solución sería desacelerar, o ya extinguir, a la inteligencia artificial? No solamente es imposible que a estas alturas los gobiernos impulsen semejantes respuestas impopulares y antieconómicas, sino que la inteligencia natural de los humanos, en particular de los que carecen de ética, no lo permitiría en la práctica, sin importar la presión de las regulaciones estatales. Esta realidad llegó para quedarse, pero ¿quiénes quedarán? 

Columna: Toma de Posiciones e-mail: tramosmancilla@hotmail.com Twitter: @TulioRamosM