Si la memoria se encuentra en el corazón, el de Puerto Estrella Jamás olvidará a un hombre como Ángel Custodio Valbuena Salgado
Plugo al destino que no hubiese lengua tan concisa como la que anuncia grandes dolores. Para anunciarnos una catástrofe solo han bastado cinco palabras: Ángel Custodio Valbuena ha muerto.
Muy pocas veces tuve el gran placer de conocerlo, cuando realizó su llegada al Puerto Estrella, me encontraba aún en la niñez, fui testigo de su habilidad como operador de maquinarias pesadas, construyendo jagüeyes para calmar la sed de toda la comodidad.
Como hombre de guerra supo respetar sus derechos de todos y conociendo el valor de los hombres, no se dejó arrastra por los errores ni a la quimera. Sabía que aquellos no valen solamente porque se les haya dado un fusil sino por su abnegación personal, por su cohesión en masa, por su espíritu militar y por su disciplina. Le era menester hombre nuevo nuevos, los improvisaba los realizaba como grandes defensores de la patria. Fue de los más de mil hombres que el país envió a Correa del Sur, para defensa de este país.
No es menester una sagacidad muy grande para comprender que por todas partes en contorno suyo se preparaban sus enemigos y mecían sin cesar la mecha encendida al pie de los cañones que los amagaban. Ángel Custodio, dejó encadenado en miedao no tuvo recelo en enfrentar a la muerte, por más de treinta batallas se hizo héroe en Monte Calvo o Monte Pelado, y digo que encadenó el miedo porque en plena batalla sacaba su cajetilla de Piel Rojas sin importarle que se encontraba adosado a la muerte.
La importancia de los enemigos por tomarse Monte Calvo se debía que para la época a mayor altura el área de cobertura se prestaba para mejor comunicación y lograr ventaja frente al enemigo, pero allí estaba Ángel Custodio con gran corazón colombiano blindado por su enorme coraje, defendió por treinta y tres veces, a Monte Calvo.
En aquella lucha titánica, a cada momento del día y de la noche veía colgada la muerte delante de sus ojos, fue un afortunado cómplice de las hazañas que Colombia libró en Corea.
A pesar de a ver vivido en estrecho contacto con la muerte, jamás tuvo lesiones mortales, las leves heridas que soportó, no pasaron de ser grandes moretones que pudieran impedir sus 96 años de continuas luchas descomunales, se podía decir que solo se apeó del caballo para ir camino al sepulcro.
Como hombre de lucha no conservó la psicosis de guerra como muchos de sus compañeros, se caracterizó por ser un hombre probo que guardó siempre deferencia para los mayores y la autoridad.
Ángel Custodio, dejó para Puerto Estrella, Uribia y Manaure un pasado glorioso y un compromiso para forjar un gran futuro, sembró a estos rincones de Colombia sus ideales con desinterés cenobítico y con prioridad insospechable. Este es uno de sus mejores títulos a la gratitud de sus conciudadanos.
Ahora por voluntad de Dios se nos fue el paladín y solo nos queda deplorar aquella suma de energía moral, esperemos que aquel prestigio evidente, que aquella voluntad de servir a la patria, que aquel papado de espíritu que emana de ciertos hombres se le haya transmitido a sus hijos, Armando, Gustavo, José Martín, Taydé… y unos cuantos más más hasta contabilizar catorce hijos y descienda sobre ellos a modo de investidura de inteligencia
Aquel hombre que nunca vio a la patria como una convencional mentira, sino cual realidad viviente y adorable, aquel que amó sus glorias, compartió sus luchas, la honró viviéndola, se radicó en una esquina de Colombia llamada Puerto Estrella, donde conoció a Aracelis Guoriyú una dama indígena con la que conservó su hogar el cachaco que haciendo honor a su nacimiento llegó al mundo precisamente el día del trabajo del año 1929 en la Vereda de Pradera un corregimiento del municipio Subachoque (Cundinamarca) y murió el 9 de marzo y por voluntad propia fue sepultado en Puerto Estrella, con grandes honores que le rindió el ejército de Colombia. “Que brille para este gran hombre, la luz perpetua”