Realmente es difícil pronosticar qué tiempo podría seguir gobernando Gustavo Petro, sus constantes decisiones en cuanto a lo que es un régimen democrático se encuentran lejos de estar gobernando con absoluta voluntad del pueblo. Fue elegido demócrata, pero a gobernado como tirano, aun olvidándose de que tiene al congreso como cogobernante, le ha importado un bledo las decisiones que esta cámara legislativa decida.
Petro anuncia que decretará una consulta popular a pesar de que su el Congreso ha rechazado su voluntad, lo que ha generado una posible ruptura constitucional.
El presidente por segunda vez ha violado la Constitución, por acercarse a la ciudad de Manta Ecuador desconociendo que su deber es enterar al Congreso de los pasos que ha de dar en el extranjero, Petro aplica su voluntad, como lo hace Maduro, Ortega y Díaz.
Incluso, recientemente suspendió la extradición a los Estados Unidos de Willington Henao Gutiérrez conocido como alias el mocho Olmedo, pese al aval positivo de la Corte Suprema de Justicia, el mandatario suspendió esta extradición aludiendo afectaciones a los procesos de paz.
El mocho Olmedo es el segundo comandante del frente 33 de las disidencias de las Farc, quien se entregó a autoridades en el Catatumbo (Norte Santander).
Con las decisiones que hoy ha tomado el presidente Petro, no hay duda que este ciudadano desea perpetuarse en el poder, sus intenciones no reflejan otra cosa diferente a implantar en este país un régimen como el que hoy tiene a Venezuela en el más alto estado de abatimiento.
La historia de nuestro país nos revela que el presidente Marco Fidel Suárez renunció de su cargo en noviembre del año 1921. Debido a las presiones de un grupo de parlamentario opositores. En aquella época los mandatarios de la Republica conservaban grandiosa dignidad.
A Suárez se le acusó en octubre de ese año (1921), vendió su sueldo para poder pagar la repatriación de un hijo fallecido, muchos dicen que fue un hermano. El presidente Suárez prefirió vender su sueldo para no tocar el capital del Estado, a pesar de haber explicado ante la Cámara de Representante y haber escrito la columna “honores y deshonra”, fue destituido y remplazado por Jorge Holguín, defendiéndose con gran alteza.
En el país ecuatoriano el presidente Abdalá Bucaram fue destituido cuando solo ejercía seis meses en su cargo y el presidente del Congreso Fabian Alarcón pasó a ocupar la presidencia.
El 7 de febrero de 1997, el Congreso Nacional destituyó al expresidente Abdalá Bucaram por incapacidad mental. El artículo 100 de la Constitución vigente en ese tiempo fue el argumento de los diputados para obligar al ex jefe del Estado a cesar funciones.
En este país el presidente Petro ha irrespetado la decisión de la Corte Suprema de Justicia y de igual manera al Congreso. Los tres poderes de la democracia lo han conjugado a su propia voluntad.
Incluso irrespeta los compromisos que desde hace tiempo el país conserva con los Estados Unidos, probablemente el hecho de negar la extradición del guerrillero Henao Gutiérrez, el presidente Trump tomará medidas que puedan lesionar la economía de la nación.
Si alguna enseñanza nos suministra la historia, que acostumbra a darlas tan elocuentes, aunque a veces por desdicha tan mal aprovechadas esa enseñanza es que la “revolución” nunca se ha parado en el camino de las concesiones, la que echando por ese camino no hay poder que no se haya derrumbado, y la de que ninguna nación llegó a consolidarse firmemente y a engrandecerse sino mediante la disciplina de una educación severa, vigorosa y represiva.
Es penoso que un país como el nuestro, quien tiene al Sagrado Corazón de Jesús como patrono, se le perturbe la paz, a causa de un guerrillero que nunca a aportado para el país un hálito de conformidad y que jamás ha conocido ni conocerá “la paz total”