Veinte años después

Columnas de Opinión
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Creo que fue durante la realización del Campeonato Sudamericano Sub-20 de fútbol que se jugó a inicios de 2005, en Colombia, cuando al goleador del equipo nacional Hugo Rodallega se le ocurrió sugerirle a la prensa que él era mejor que Lionel Messi, quien también competía con su selección en los estadios del Eje Cafetero. Para entonces, el argentino de diecisiete años era ya considerado más que una simple promesa, y por eso su juego embrujado no necesitaba de anuncio alguno. Messi era un botija enjuto, ligero, rápido…, amistoso, al que le bastaba con recibir la pelota para prescindir de la venta de humo que es tan común en el mundo del balompié, y que en Argentina es una suerte de ritual. En 2005, el menos argentino de ellos daba cátedra de fútbol, especialmente a domicilio.

Rodallega fue el goleador del torneo, y Colombia la campeona, por segunda vez en la historia. Argentina, tercera, y Messi el segundo en la lista de artilleros. Luego Argentina obtuvo el Mundial de la categoría, celebrado en Holanda a mediados de 2005; no sin antes, en octavos de final, cobrar revancha y eliminar a Colombia, mediando gol de Messi, además máximo anotador del llamado ecuménico y elegido su jugador de oro. Colombia alcanzó a ser novena y a hacerse con el premio al juego limpio (maldita sea). Aquellas palabras de Rodallega se hicieron un gran vacío; sin embargo, no era para tanto: algo de charlatanería oportuna puede inspirar a un grupo apocado y significar liderazgo allí donde hace falta. La guerra (vaya si el fútbol lo es), en últimas, se pelea en las cabezas.

Tiempo después, Hugo Rodallega dio unas explicaciones tardías, sobre todo innecesarias; ciertamente, él simplemente había implicado en público lo que allá adentro, en el campo, se gritan entre futbolistas, solo que multiplicado por mil y adobado con palabras irrepetibles aquí. Quizás habrá pensado en esto el capitán del Independiente Santa Fe mientras rengueaba hasta el área contraria, al parecer con la pierna derecha lesionada, y con esa nomás hacía el gol del título profesional, el domingo pasado. Quizás no. El mismo día, al Inter de Miami de Lionel Messi, que jugaba la Copa Mundial de Clubes de la FIFA, le daban un repaso los muchachos del PSG francés que hasta no hace mucho eran compañeros del argentino. Nunca le lució más el rosadito al cuadro mayamero.

En ese partido se vio, otra vez, al Messi de esta época reciente, que ahora se porta como cualquier buscapleitos del amateurismo bonaerense. Parece una broma del destino que el que lo ha ganado todo exhiba una amargura incomprensible al andar con los botines puestos, y que el que no lo hizo (aunque trabajara dignamente en México, Inglaterra, Turquía y Brasil) haya vivido un domingo de juventud moviendo la pelota, con casi cuarenta años, dos más que el primero. Rodallega nunca superó a Messi, y puede que tampoco fuera el deportista esclarecido de aquel suramericano de 2005; pero es posible que ni siquiera él supiera a sus veinte años lo que en verdad quería decir en la entrevista de la discordia: que era todo lo mejor que podía ser habida cuenta de lo que tenía para dar; que era indiferente a las comparaciones; que intentaría hasta el final marcar el gol de la victoria.

Columna: Toma de Posiciones e-mail: tramosmancilla@hotmail.com Twitter: @TulioRamosM

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