Remar en aguas turbulentas: el valor de adaptarse y decidir sin miedo

Columnas de Opinión
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En el mundo empresarial colombiano, y, por qué no decirlo, en la vida misma, nos han enseñado que anticipar el futuro es la clave del éxito.  Desde la universidad hasta los seminarios de liderazgo, repetimos como eslogan la importancia de la planeación estratégica, los presupuestos a cinco años y los escenarios cuidadosamente calculados.  Sin embargo, la realidad actual parece burlarse de nuestros mejores pronósticos.  ¿De qué sirve tener el mapa más detallado si el río cambia de curso cada temporada?

Vivimos tiempos volátiles.  La economía global se tambalea con cada noticia, la tecnología avanza a una velocidad que deja obsoletos nuestros planes antes de que termine el semestre, y los cambios sociales nos exigen repensar lo que ayer dábamos por sentado.  En este contexto, aferrarse a la previsión como único salvavidas es, a mi juicio, una apuesta peligrosa.

Pensemos, por ejemplo, en el caso de Nokia.  Durante años, fue el referente mundial en telefonía móvil.  Su éxito se cimentó en una planificación rigurosa y una confianza casi ciega en sus modelos de negocio.  Pero cuando el smartphone entró en escena, la empresa finlandesa no supo leer las señales, ni adaptarse con la rapidez necesaria. Apple y Samsung, en cambio, no solo anticiparon el cambio, sino que lo lideraron, transformándose y reinventando el mercado.  La lección es clara: prever no basta si no estamos dispuestos a cuestionar, desaprender y volver a empezar.

La adaptabilidad, entonces, se convierte en la verdadera ventaja competitiva.  Pero no se trata solo de moverse rápido, sino de hacerlo con sentido crítico.  Adaptarse no es reaccionar a ciegas, sino interpretar el entorno, leer entre líneas y descubrir oportunidades donde otros ven amenazas.  Amazon es un buen ejemplo.  Jeff Bezos no solo planeó, sino que desafió constantemente sus propias estrategias, expandiéndose de la venta de libros a la nube, la inteligencia artificial y más.  Como decía Peter Drucker, “la mejor manera de predecir el futuro es crearlo”.  Esa es la actitud que necesitamos: menos pasividad, más creatividad y cuestionamiento.

En Colombia, esta reflexión es especialmente relevante.  Nuestra economía, marcada por la informalidad y la volatilidad, exige líderes capaces de navegar la incertidumbre. La pandemia de COVID-19 lo demostró con creces: las empresas que sobrevivieron, y en algunos casos prosperaron, fueron aquellas que ajustaron sus modelos de negocio, adoptaron nuevas tecnologías y tomaron decisiones ágiles, incluso sin tener toda la información.  Las que se aferraron a sus viejos planes, por el contrario, quedaron rezagadas.

Este cambio de paradigma va más allá de las herramientas de gestión.  Es, principalmente, un cambio cultural.  Requiere líderes humildes, que reconozcan que no lo saben todo; curiosos, dispuestos a aprender y desaprender; y valientes, capaces de decidir en medio de la incertidumbre.  No se trata de renunciar a la planeación, sino de entenderla como un proceso flexible, abierto al cambio y al aprendizaje continuo.

Con frecuencia, en las organizaciones, se confunde la planificación con el control absoluto.  Pero la verdadera sabiduría está en aceptar que el control total es una ilusión.  Lo importante es construir equipos empoderados, capaces de tomar decisiones rápidas y de aprender de los errores sin miedo.  La inteligencia emocional y la resiliencia se vuelven tan importantes como el conocimiento técnico.

Cierro esta reflexión con una frase atribuida a Charles Darwin: “No es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la que mejor responde al cambio”. Aunque proviene de la biología, esta idea es perfectamente aplicable a nuestro mundo empresarial.  En un entorno tan incierto como el actual, la supervivencia, y el éxito, dependen menos de prever cada detalle y más de la capacidad de adaptarse, reinventarse y decidir con agilidad.

En definitiva, en el río turbulento de la realidad colombiana, no gana quien tiene el mejor mapa, sino quien sabe remar con destreza cuando las aguas se tornan impredecibles.  Apostemos, entonces, por la adaptabilidad, la visión crítica y la toma de decisiones valientes.  Porque el futuro, más que preverse, se construye día a día, remando juntos hacia lo desconocido.

Columna de Opinión e-mail: jcardonaacosta@gmail.com