La revolución silenciosa del liderazgo: cuando la escucha y la coherencia mandan

Columnas de Opinión
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En este mundo donde nos bombardean con información y a veces nos cuesta distinguir lo verdadero de lo falso, me he puesto a pensar mucho en el liderazgo. ¿Qué hace que alguien realmente inspire a otros?  No creo que sea el cargo que tiene, ni el poder que ejerce.  Más bien, creo que tiene que ver con algo mucho más humano: la capacidad de escuchar, de inspirar y de ser coherente con lo que uno dice y hace.  Como señala en el artículo "Educomunicación, la clave para despertar mentes críticas en un mundo digital", la capacidad de analizar críticamente la información es fundamental en el mundo actual.

Para mí, el verdadero liderazgo no se basa en la jerarquía, sino en la conexión genuina con las personas.  Se trata de inspirarlas a dar lo mejor de sí mismas, actuando siempre de acuerdo con nuestros valores.  Es un liderazgo que se gana con respeto, con confianza y con el ejemplo, no con el miedo o la imposición.  Como dice el pedagogo brasileño Ismar de Oliveira Soares, se trata de construir "ecosistemas comunicativos" donde todos nos sintamos valorados y escuchados.

Si de verdad queremos liderar, tenemos que aprender a escuchar.  No solo oír lo que nos dicen, sino tratar de entender lo que sienten, sus preocupaciones, sus ideas.  Stephen Covey lo decía muy bien: "Escucha con la intención de comprender, no con la intención de responder".  Un ejemplo que siempre me viene a la mente es Satya Nadella, el CEO de Microsoft.  Él transformó la empresa priorizando la escucha y la inclusión.  Gracias a eso, Microsoft no solo innovó en tecnología, sino que también se convirtió en un ejemplo de diversidad y accesibilidad.  Tal como la educomunicación les da voz a los estudiantes, un buen líder le da voz a su equipo.

Un líder que inspira es alguien que se muestra tal cual es, con sus fortalezas y sus debilidades.  Alguien que no tiene miedo de ser vulnerable.  Sara Blakely, la fundadora de Spanx, es un gran ejemplo de esto.  Ella revolucionó la industria de la moda porque conectó su historia personal con su visión de empoderar a otras mujeres.  Su liderazgo no se basó en reglas, sino en la empatía y en la creencia de que cada persona tiene algo único que aportar.  Como dice Mario Alonso Puig, un líder auténtico no necesita el poder, sino la autoridad que se gana con respeto y coherencia.

Si decimos una cosa y hacemos otra, perdemos toda credibilidad.  La coherencia es fundamental para generar confianza.  Howard Schultz, el ex CEO de Starbucks, construyó una cultura basada en el respeto y el bienestar de sus empleados, y eso se tradujo en un ambiente laboral positivo y en clientes leales.  Esto me recuerda la importancia de "analizar críticamente los mensajes mediáticos" (como lo menciono en varios de mis artículos de Educomunicación), para asegurarnos de que las palabras se correspondan con los hechos.

Para concluir, podemos afirmar que el liderazgo auténtico no es una moda pasajera, sino la clave para construir equipos comprometidos y organizaciones que perduren.   Es un liderazgo que se basa en la escucha, la inspiración y la coherencia, y que trasciende cualquier jerarquía.  Como dice John C. Maxwell, "El liderazgo no se trata solo de ser el jefe, sino de guiar y motivar a otros hacia un objetivo".  Todos tenemos un papel que jugar, y el liderazgo auténtico nos ayuda a sacar lo mejor de cada uno para construir un mundo mejor.

Columna de Opinión e-mail: jcardonaacosta@gmail.com