El falso nueve

Columnas de Opinión
Tamaño Letra
  • Smaller Small Medium Big Bigger

Dicen las malas lenguas que no sé de fútbol, y que por eso no debería escribir de lo que no sé. Discrepo. Entiendo lo suficiente de balompié para poder ver un partido, no como una simple distracción, sino como la materia de un serio análisis cuyas conclusiones luego extrapolo a cuestiones más serenas, por cotidianas e incluso banales; digamos, la política. Bueno, en verdad tampoco es que sepa mucho de política, como todo el mundo, aunque el fútbol ayuda. Por citar un ejemplo: desde hace algún tiempo anda vociferando en las redes sociales un supuesto candidato presidencial opositor del Gobierno que se destaca por sus maneras atrabiliarias, a través de las que promete “balín” a la delincuencia, en clara caricaturización de la doctrina del orden y la seguridad.

Este denominado candidato presidencial, de acento antioqueño y muy parecido al difunto Rodolfo Hernández, fue descubierto recientemente como posible ficha móvil del presidente actual, cuando se evidenció que se había declarado al inicio del Gobierno como su “soldado”. La idea habría sido lanzar a un atarván con vocación de fracaso a hacer campaña temprana para ver si con ello podía recoger las simpatías que en variados sectores de la Colombia rural sirvieron hace un cuarto de siglo para llevar a Álvaro Uribe al poder, en el entendido de que Colombia es la misma de entonces. El truco estaría en que, una vez desfigurado aquel legítimo requerimiento de autoridad (que a este país sin dudas le hace bien), se hace más fácil derrotar al candidato que lo encarne en las elecciones.

Cuando, en el fútbol, un técnico astuto tiene la suerte de contar con un jugador de ataque inteligente y rápido, puede optar por instruirlo para que se mueva sinuoso en medio de los defensas rivales, causarles problemas y poco a poco arrastrarlos (en una especie de marcación inversa) hacia el centro del campo, con la intención de que el espacio creado en el área grande sea llenado por otros atacantes, que vienen de atrás, con sorpresa, frenéticos. Mira mi mano izquierda para que no veas lo que hago con la derecha. A esa estratagema la llaman el “falso nueve”; ahora bien, no es sencillo conseguir a un mediapunta con la suficiente calidad para ser un buen ejecutor: la mayor parte las veces el futbolista no asimila su función, y se extravía, o ya los defensores no caen en la trampa.

Es claro que el falso nueve del pretendido continuismo ha terminado por marcarse solo en su dialéctica impostada; eso sí, paralelamente se hace notorio que tal es apenas uno de los intentos por embarrar la cancha política. Lo paradójico de tanta argucia es que todas las jugadas exhalan la misma esencia de prestidigitador repetido, lo que las hace anticipables; ahí nomás viene la convocatoria a la innecesaria y costosa consulta popular, arma proselitista del Gobierno, que está casi aprobada en este Congreso, pero que en votaciones transparentes no pasa del umbral y que en eventual vuelta al Legislativo se cae. He ahí una variante del falso nueve: mientras hacen campaña ilegal a punta de obviedades, imponen a su candidato. La pregunta es si Colombia es como aquellos equipos pasivos en defensa, o si, como los bravos, sabe dar una buena patada a tiempo.

Columna: Toma de Posiciones e-mail: tramosmancilla@hotmail.com Twitter: @TulioRamosM