Automorfismo

Columnas de Opinión
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Referente a ese síndrome en portales médicos.com encontramos que dicha patología según el doctor Manuel Garcia Garcia, deriva su denominación de las palabras griegas "autos, de sí mismo, y morphé, forma”. Y explica: “tendencia a juzgar a los demás según uno mismo".

Quizá no es dislate afirmar que, en exacta coherencia con ese concepto el humano pensamiento construyó el refrán universal plasmado en las voces: "Cree el ladrón que todos los humanos son de su misma condición".

En la vida cotidiana esa ocurrencia se da con frecuencia pasmosa. Por eso vemos como el corrupto piensa que los demás son también corruptos; y el malhechor estima que las demás personas cargan el baldón de ser malhechores. Y de idéntico modo los criminales, los alcohólicos, los drogadictos, los terroristas, los narcoterroristas, los guerrilleros, los bandidos de toda laya imaginan que el conjunto de mortales padece de drogadicción o está inmerso en dichas conductas ominosas.

Así piensa y actúa el insolente y procaz que, afectado mental y somáticamente por vicios e incurso en conductas execrables, ofende el pudor de la Nación lanzando soezmente insultos infamantes contra respetables miembros de la institucionalidad y afrenta ramas independientes del poder público. Sufre de automorfismo el que insidiosamente utiliza letras del alfabeto para tratar a otro de hijo de ramera. Olvida el difamador que el agravio, a manera de bumerán, se le devuelve porque en su progenie hay expresidiario, guerrillero, alcohólico, drogadicto y vástago confeso sub judice por hechos punibles. 

En la Grecia iluminada por las eminencias filosóficas se predicaba que el gobierno de los pueblos se le debería confiar a los sabios y a los virtuosos. Se empleaba la palabra Aristos, vocablo del que se deriva la locución aristocracia que en esencia trasunta lo más selecto, elevado. Paradigma de excelencia. Cimera expresión de conocimientos y de atributos éticos. Requisitos excelsos que debía tener el gobernante y el político, según la Ética de Nicómaco, escrita por Aristóteles, filósofo que dijo creer solo en la aristocracia de la inteligencia.

El villano instintivo nace y muere villano. El bisturí puede maquillar rostros, pero nunca transformará el alma del villano y soez.

En Colombia están defenestrados los principios morales. La Casa insignia de Gobierno se la tomó una cáfila de truhanes, alcohólicos, drogadictos, guerrilleros amnistiados no sometidos a la exigencia verdad, justicia, reparación y no repetición, violentos que reivindican movimientos criminales; muchos hombres y mujeres indiciados o imputados por la justicia penal.

Las investigaciones iniciadas por quebrantamiento del artículo 109 de la Carta Política -violación de los topes de financiación de campaña electoral- no avanzan ni en el CNE ni en la Comisión de Investigación y Acusación de la Cámara de Representantes. Está silenciada la Indagación por el polígrafo ilegalmente practicado a la doméstica de funcionaria de la Presidencia de la República por la pérdida de maletas con abundante dinero. Quedó en el olvido el misterioso suicido del coronel Oscar Dávila. Ostenta ministerio la dueña del botín del escándalo, también el confeso alcohólico y drogadicto que, junto con ella, produjeron el bochornoso audio que conmovió a los colombianos. Y todo sigue bajo el lema " dejar hacer, dejar pasar", como si nada ocurriera en el país que vive plácidamente sin percatarse del profundo abismo cuyo borde hoyan nuestras plantas, como diría el insigne Jaime Balmes.

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