Entre varios casos dispersos, en la semana que pasó se han hecho notorios dos que resultan ilustrativos respecto del fenómeno de los "influenciadores", gentes polémicas donde las haya, cuyo papel en la sociedad es tan discutible como la propia palabra "influencia". Pues la pregunta no debería ser quién es capaz de ser "influenciador" (está visto que cualquiera que pueda hablar vacuidades hasta por los codos puede serlo), sino quién o quiénes son los que habitualmente permiten ser determinados en su complexión moral por las acciones o palabras de aquellos. ¿Quién, en su sano juicio, podría dejarse manipular por nadie, pero especialmente por dos personajes como los protagonistas de los casos a que me referiré y que estallaron en estos días?
El primero es el de Daneidy Barrera, llamada Epa Colombia, entiendo que nacida de padres venezolanos, de ahí quizás lo del "Epa". A finales de 2019, durante las revueltas petristas iniciales (hoy lo sabemos), a Daneidy no se le ocurrió cosa distinta que ir a una estación de Transmilenio, en Bogotá, martillo en mano, a hacer justicia social dándoles golpes a los sensores y demás lujos capitalistas del moderno sistema de transporte masivo capitalino. Puede que anduviera buscando "likes", como adujo su defensa, pero ello mismo sirvió para que la posición mayoritaria de los magistrados, en la casación de su sentencia, convergiera en que estaba bien condenada por instigación a delinquir con fines terroristas, el delito probado clave, y que entonces la pena acumulada impidiera su excarcelación. La difusión que hizo de su crimen no fue por “likes”.
No muy diferente fue el proceso mental que llevó a Rodolfo Márquez, llamado el Fofo en su natal México, cuando hace aproximadamente un año, estando en un estacionamiento público, arremetió contra una mujer de poco más de cincuenta años, hasta volverle sangre la cara. Había discutido previamente con ella por un espejo lateral rayado en el parqueo, y, sin control alguno, la golpeó hasta el hartazgo. Todo quedó filmado y con eso se pudo deducir que el asunto no fue de lesiones agravadas, sino de tentativa de feminicidio, lo que le dió a Fofo para diecisiete años de condena. Esto tampoco fue por "likes", sino por una especie de extensión de la inmadurez que Fofo ya exhibía en sus vídeos, maltratando gente prevalido de sus guardaespaldas.
¿Desde cuándo y por qué este tipo de personas tiene el poder de "influir" sobre los demás? Influenciadores han existido siempre, pero los de antes alguna cosa de valor tendrían para compartir, aunque no fuera por Internet, y el acceso a sus razonamientos estuviera más restringido. Pienso en los que hicieron del pensamiento una virtud práctica y cotidiana, y no en una carga pasada de moda que debía ser destruida con violencia. La violencia que viene del desconocimiento propio. Renunciar a pensar no puede convertirse en el modo de vida de nadie, y, si así ocurre, no nos extrañemos de que lo de Epa y Fofo se convierta paulatinamente en la regla de conducta de aquellos que carecen de un marco de referencia sólido para evitarla.