Del lienzo al algoritmo

Columnas de Opinión
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Hace un año, mientras exploraba una galería virtual de obras de arte en una plataforma emergente, algo cambió en mi forma de entender el mundo digital. Había una pintura que me cautivó profundamente; no por sus colores ni por la técnica, sino porque el autor Daito Manabe, un artista independiente de Japón, había creado esta obra completamente a través de inteligencia artificial, incorporando una narrativa sonora que respondía al estado de ánimo del espectador.  Fue en ese momento cuando comprendí que la tecnología no es un simple accesorio en el arte, la música o el cine, sino el lienzo, el instrumento y el escenario donde todo se está redefiniendo.

El mundo está presenciando una revolución silenciosa pero imparable: la economía de los creadores.  Y no me refiero únicamente a los creadores de contenido como los conocemos, sino a artistas, cineastas, músicos y narradores visuales que encuentran en las plataformas digitales su mayor aliado y, a la vez, su mayor desafío. Un caso fascinante que pasó desapercibido en los titulares globales fue el de la cineasta india Leena Kejriwal, quien utilizó un videojuego interactivo, Missing: Game for a Cause, para generar conciencia sobre la trata de mujeres en Asia.  Su proyecto no solo trascendió la narrativa tradicional del cine, sino que logró involucrar al público en una experiencia inmersiva donde las emociones impulsaban la acción.  Este tipo de iniciativas nos muestran que la tecnología no limita al arte, lo potencia en direcciones que jamás habríamos imaginado.

En Colombia, este cambio también está tomando forma de maneras sorprendentes.  La empresa Eliash, con sede en Medellín, ha combinado la música y la inteligencia artificial para producir paisajes sonoros personalizados que se adaptan a la actividad cerebral de los oyentes.  Estos avances representan una transición fascinante: ya no somos consumidores pasivos de contenido, sino cocreadores en un ecosistema digital que nos desafía a interactuar con nuestras emociones y decisiones.

Sin embargo, no todo es fascinación en este panorama.  La gurú y empresaria estadounidense Li Jin, conocida por su enfoque en la economía de los creadores, advirtió recientemente en una conferencia que “la tecnología democratiza las herramientas, pero no necesariamente las oportunidades”.  Esto, dijo, representa un reto estructural: aunque más personas tienen acceso a plataformas como YouTube, Spotify o TikTok, la verdadera batalla está en lograr sostenibilidad en un mercado hiper saturado, donde solo el 1% de los creadores logra destacarse. La cinematografía, la música y las artes en general están encontrando nuevos espacios en plataformas tecnológicas, pero también están redefiniendo su rol en el ámbito empresarial.   Las marcas ahora buscan colaboraciones con creadores independientes no solo para promocionar productos, sino para contar historias auténticas que conecten con las audiencias.  Esto ha llevado a que el arte y los negocios converjan en un punto donde las métricas tradicionales de éxito ya no aplican. ¿Qué valor tiene una campaña viral si no genera impacto emocional? ¿De qué sirve un millón de vistas si no construyen una comunidad?

El futuro que veo no está escrito en código binario, sino en la capacidad de las personas para humanizar la tecnología. La inteligencia artificial seguirá evolucionando, las plataformas continuarán diversificándose, y la saturación del mercado no desaparecerá.  Pero estoy convencido de que los verdaderos líderes en estos tiempos serán aquellos que entiendan que el arte, la música y la cinematografía no solo son industrias rentables, sino también motores de transformación social y cultural.   Quizá, después de todo, estemos viviendo un nuevo renacimiento, donde los creadores no solo moldean el presente, sino también el espíritu de lo que está por venir.

Comunicador corporativo.  Me encantan los viajes, la música electrónica, la cultura glocal, la tecnología y los negocios inteligentes.

Columna: Palabras más, Palabras menos e-mail: tandemcomunicacionfutura@gmail.com