Camarada Kamala

Columnas de Opinión
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Es, al menos, curioso. El lunes pasado, en la página web de la BBC (medio semicontrolado por el izquierdista Gobierno británico), se publicaba un análisis de las encuestas en las que la demócrata Kamala Harris, actual vicepresidenta de los Estados Unidos y candidata a la presidencia de ese país, aparentemente puntea. Por un momento, da la impresión de ser un muy sesudo miniestudio de la situación; pero hay algo que no cuadra: la foto del encabezado. En ella se ve a Kamala Harris a la izquierda, mirada al frente, esbozando una sonrisa y con la mano zurda abierta en su palma; del otro lado está Donald Trump, con el brazo derecho aprisionado bajo la silueta de Harris, el cuerpo hacia el costado sin atreverse a ver al lector, y quizás un gesto de preocupación disimulada en la cara.

Hay, además, un reparto de estrellas entre los dos candidatos presidenciales. Las que le tocaron a Harris surgen del ángulo formado en la esquina superior izquierda de la foto; las de Trump, a la inversa, aparecen desde el ángulo inferior derecho del recuadro. La diferencia de treinta centímetros de estatura entre el expresidente y la vicepresidenta se reduce en la fotografía a cosa de un palmo. Se diría que Kamala ha crecido últimamente, o que Trump ya no es tan alto como solía ser. Lo de la BBC parece humor inglés del malo. Ya el domingo habían publicado otro de sus artículos aclarando que no, que Kamala Harris no es comunista, y que si los latinos de Miami se creen esa mentira es por el temor a que en los Estados Unidos se repitan “las experiencias” de sus países de origen.

“Comrade Kamala” (o sea, “Camarada Kamala”), dice la publicación, es lo que expresan los memes que comparten esos hispanos, con lo cual supuestamente se usan “miedos genuinos como armas”. A lo mejor el redactor de la nota sabe poco de salsa, pues habría podido ser más efectista machacar que, a la vieja canción “Juliana”, la campaña republicana le cambió ese nombre y en su lugar usó el de Harris, con lo que resultó un nuevo coro, el pegajoso “¡Kamala, qué mala eres…!, ¡qué mala eres, Kamala!”. Posiblemente el medio londinense no quiso caer en la previsible trampa inmersa: evocaciones de fiesta pueden dañar a la risueña Harris, cuyos detractores juran que da sus famosos discursos huecos después de almorzar con mediecita de guaro. Y que no entiende nada de nada.

De hecho, una periodista otrora opuesta a Trump, Megyn Kelly, ha sido dura con Harris llamándola “recipiente vacío”, y, más concretamente, al insinuar que Kamala usó su belleza para ascender en política. (Trump, que reconoce el atractivo de la demócrata, afirma sin complejos que él es más guapo que ella). Kelly sabe, entre otros detallitos, de las imágenes que retratan a la actual candidata como la joven amante pública de un político californiano que le doblaba la edad. Claro, eso sería menos grave, si cabe, que ser comunista. Trump ha insistido en que el padre de la exfiscal (que también se llama Donald J.) es, en efecto, marxista; se basa en que Donald J. Harris escribió largo en los años setenta del siglo pasado acerca de Karl Marx, y esa no es una especulación. Tampoco hay que olvidar que Kamala, como sus camaradas del sur, puede mudar de piel si ello hace falta.

Columna: Toma de Posiciones e-mail: tramosmancilla@hotmail.com Twitter: @TulioRamosM