Unos días ante del 28 de julio, fecha en que los venezolanos decidieron cambiar de gobierno a través del voto popular, el presidente Maduro se expresó de manera tajante que él, ganaría las elecciones “a las buenas o las malas”, palabras que se extralimitan de la sensatez, un jefe de Estado, o cualquier mandatario que tenga la responsabilidad de comandar un país, no tiene derecho a equivocarse, el mandatario de un pueblo se halla en el caso de medir sus palabras aquilatarlas y pesarla. No le es posible verterlas en una medida caprichosa. Hay momentos en ellas tienen la intensidad de un alcaloide y las palabras dichas por Maduro es mortalmente venenosas, pues en cierto modo es desconocer el poder del voto, que es la esencia de la democracia. Es el voto la herramienta mediante la cual los ciudadanos participan activamente en la toma de las decisiones y ejercen su influencia en un gobierno.
Esas palabras de Maduro encierran todas las matrices de la barbarie y la desvergüenza humana, es un reto a la verdad y una amenaza para la democracia, es el ultraje injustificado a un pueblo que ha superado más de un cuarto de siglo gobernado por este régimen que ha dejado a Venezuela en el más alto grado de abatimiento y a nuestros hermanos venezolanos a vivir en íntimo contacto con la escasez y el desamparo y lo penoso es que el régimen se ha postulado por seis años más, de lo que no hay nuda terminará por postrar y aniquilar por completo a los venezolanos.
Al momento que el señor Elvis Amoroso, presidente del Consejo Electoral de Venezuela anunció que Nicolás Maduro había copado el 51.2% contra el 44,2% del candidato opositor Edmundo González Urrutia, se desató una mareada de inconformismo que el pueblo decidió irse a las calles a reclamar el poder, porque conservaban las evidencias de las actas donde la coalición escrutadora superaba los sufragios de Maduro al menos en un 30 %.
Lo cierto es que después de tres semanas de las elecciones, el Concejo Electoral Nacional de Venezuela (CNE), aún no se ha dignado en mostrar los soportes que puedan sustentar el triunfo de Maduro.
Sin embargo, el Tribunal Supremo de la Justicia de Venezuela (TSJ) en voz de su presidenta Caryslia Beatriz Rodríguez, ratificó el fraude electoral cometido por el régimen.
Cabe anotar que Caryslia Rodríguez la hoy presidenta del Tribunal Supremo de Venezuela, en agosto de 2021, fue precandidata a las elecciones primarias, que organizó el Partido Socialista Unido de Venezuela, (partido creado por Chávez y que hoy dirige Maduro) que estuvo llena de denuncias sobre presuntas irregularidades
Luego el organismo judicial aseguró que perseguirá a los dirigentes de la oposición que publicaron las pruebas de que Edmundo González superó ampliamente al régimen que con bayonetas se han encarnado en el poder.
La heroína mujer María Corina Machado, armada con la razón y guiada por la voluntad de Dios no sucumbirá ante el poderío de Maduro.
Los años que lleva este siglo el régimen no ha hecho sino ultrajar al pueblo como si fuera espiga de sus tallos. La nueva heroína de América no se rendirá y Dios la alzará a las demás naciones de América y hará con ella un haz lleno de vida, que sacudirá su mano poderosa sobre los cuatro ángulos de la tierra para que el mundo vea en seguida aquella cosecha que todos esperamos ¡de verdad y de justicias!
Antes del terminar el milenio, Venezuela quiso cambiar de gobierno llevando a Chávez a la presidencia. En verdad si hubo cambio, pero un cambio sofocante lleno de angustia y de fatiga, un cambio que ha llevado a Venezuela a los extremos de la agonía. El cambio se ha notado en que la bandera tiene una estrella más. De igual forma modificó el escudo para llevar de 20 a 24 las espigas, en representación de los 24 estados del país. Asimismo, se incluyó en uno de los cuarteles del escudo un arco y una flecha en un kayak, como símbolos de las armas indígenas y el machete del campesino. La moneda dejó de llamarse Bolívar, para llamarse “Bolívar Fuerte” y “Bolívar Soberano” cuando le quitó seis ceros a la moneda. El nombre del país dejó de llamarse “República de Venezuela”, para llamarse “República Bolivariana” de Venezuela, además ha dejado a Venezuela sin expresidentes. Hasta ahora, estos son los cambios que han tenido nuestros hermanos venezolanos a través del nuevo gobierno, lo que nos indica que después de veinticinco años de gobierno, la historia que hoy ha escrito Maduro con su régimen solo sirve de “clavos para colgar los lienzos”.
Por seis años más Venezuela será gobernado por un ser que no tiene ni siquiera un hálito ni una chispa de lo que pueda llamar estadista. Su raquítico conocimiento puede desheredar de la fortuna a la totalidad de los venezolanos.
De manera que no hay duda de que lo único que los venezolanos solo quieren de Maduro, es asistir a su funeral.