En un divertido capítulo de la serie animada Los Simpsons, Homero, el padre de familia más irresponsable y fiel que a la vez se pueda imaginar, condensa magistralmente, en una sola frase de campaña, algo así como “por qué fracasan los países”. ¿Homero Simpson en campaña? Sí, lo estuvo y ganó: en el episodio referido logró ser el jefe de la oficina de aseo de Springfield, cargo de elección popular. Para derrotar al eficiente funcionario al que se enfrentaba, recurrió a una idea enquistada, aunque oculta, domesticada, en el imaginario de su electorado: “Can´t someone else just do it?”; lo que el doblaje mexicano sucintamente vertió como “¿No podría hacerlo otro?”. Toda una declaración de principios: la negligencia, la desvergonzada ignorancia y el caos inducido como guía de actuación.
Por supuesto, no terminó bien para Springfield. Después de gastarse el presupuesto en populismo, negociar con la mafia y mentir, siempre mentir, Homero causó una tragedia sanitaria en el pueblo de tal magnitud que forzó su reubicación. Es realidad antes que caricatura. Ahora bien, ¿esto convierte a los creadores de Los Simpsons en fascistas? Nadie con dos dedos de frente diría eso. Los artistas que representaron esta situación simplemente recogieron lo que podría haber pasado en los Estados Unidos hacia 1998, año de la emisión comentada, si esa nación se hubiera dejado llevar por su sector subdesarrollado, en aquel momento todavía bajo control. Pese a que un cuarto de siglo después andan extraviados, en cinco meses exactos tendrán la oportunidad de recuperar el rumbo.
La que todavía no ve la luz al final del túnel es Colombia. A partir de la elección presidencial de 2022, aquí la gente decidió darle juego al lado menos serio y completo de la idiosincrasia doméstica, una especie de variante de la sensación que se desprende de “Can´t someone else just do it?”; pero que es tal vez peor, porque invoca además el espíritu infantil y primitivo, no del tradicional desgobierno, sino del vociferante antigobierno: “La culpa es de los demás”. Pues la patente falta de liderazgo del actual Gobierno petrista no es nada ante su incapacidad de asumir responsabilidades políticas, como queda demostrado cada vez que se descorre el velo de sus burdas costuras; por ejemplo, con lo del director saliente de la Dian, que se la pasa haciendo videítos de Tik Tok en lugar de trabajar.
Este influenciador llega al punto de culpar al Congreso de la República del bajo recaudo adelantado por la entidad a su cargo, parapetado en la historia de que, como no le aprobaron una ley, entonces la plata que la Dian se había imaginado recibiendo desde el arbitraje de litigios tributarios nunca apareció. Hasta Homero Simpson tiene sus límites: al menos admite que es un incapaz y que por eso hay que cubrirlo. Mientras esto sucede, el presidente de la República, rodeado de eminencias del acomodo jurídico, se encafeína con sus propias teorías constitucionales sobre lo que debería decir, y no dice por ningún lado, la letra del malhadado acuerdo de paz de 2016; a ver si así puede convocar una constituyente mediante un decreto ley que ni siquiera requiera de habilitación previa en el Congreso, para luego pupitrear la reelección y reelegirse con mayoría absoluta en 2026.
Columna: Toma de Posiciones
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