Color de piel: una larga lucha (y 5)

Columnas de Opinión
Tamaño Letra
  • Smaller Small Medium Big Bigger

Escrito por:

Carlos Payares González

Carlos Payares González

Columna: Pan y Vino

e-mail: carlospayaresgonzalez@hotmail.com



Tengo la impresión de que ofrecer privilegios en razón de la raza o etnia es perpetuar de muchas maneras las odiosas discriminaciones. Es, sin procurarlo, un reconocimiento a la existencia de la inferioridad, cuando de lo que se trata es de procurar la equidad y del total respeto por la diferencia tanto de raza, etnia, género, ideología, etcétera.

Al igual que la caridad o la beneficencia, ciertas conductas se convierten en "legalización" o "consentimiento" de las desventajas y de los oprobios producidos en un largo proceso histórico.

Por eso no me atrae tanto la idea de la exigencia de certificaciones para constatar la pertenencia a una raza o etnia, tal como se exigen certificados para demostrar la condición de desplazado, o de perteneciente al registro del Sisbén, o de cursar algún grado de escolaridad. Pienso que nadie debe ser juzgado por algo tan pálidamente definible como lo es la raza en una sociedad que ha sido altamente mestizada como la nuestra.

Desde el descubrimiento de América hemos tenido genes de madres indígenas y negras y padres españoles, negros e indígenas por doquier, como lo ha dicho en uno de sus libros el genetista Emilio Yunis.

Aunque entiendo, de otra parte, el significado de las "políticas afirmativas" o de la llamada "discriminación positiva", que favorecen a las comunidades afrodescendientes e indígenas (titulaciones colectivas de sus territorios ancestrales, garantía de cupos para el ingreso a la educación superior, entre otras), prefiero seguir profesando que nadie debe ser juzgado por su raza, ni discriminado (a favor o en contra) por el origen étnico que tenga o que declare.

En efecto, no cabe la menor duda histórica de que los negros ancestrales en África y en América fueron víctimas de uno de los peores holocaustos cometidos por los blancos en la historia de la humanidad. Mucho peor y más duradera que la persecución a los judíos por parte de los arios nazis.

Tanto la esclavitud como el desarraigo raizal fueron hechos infames que deben aún avergonzar a todos los humanos. Y es por eso, sólo por eso, que debemos entender que la sociedad colombiana tiene una gran deuda con los pueblos afrodescendientes e indígenas. Es por eso también que la Constitución del 91 ha declarado que nuestra sociedad es de carácter multicultural y pluriétnica, comprometiendo a su vez al Estado a defender y promover tanto la diversidad étnica como la cultural.

El racismo es un invento cultural de los esclavistas o los colonialistas de cualquier pelambre en el mundo en su afán de querer demostrar una supuesta superioridad sobre los demás grupos humanos y, de esta manera, justificar su explotación y opresión sobre ellos, en particular sobre los pueblos africanos e indoamericanos.

No cabe duda del valioso aporte hecho por los afrodescendientes en nuestra nación. En todos los campos de la vida siempre han existido personas que han resistido la discriminación dando muestras de sabiduría y orgullo raizal. Me basta con mencionar los nombres de José Padilla, Luis A. Robles, Manuel Zapata, Delia Zapata, Teresita Gómez, Petrona Martínez, Alejo Durán, María Urrutia, Antonio Cervantes, Willington Ortiz, Leonor González, Graciela Salgado, Mábel Lara, Sonia Bazanta ("Totó la momposina"), Piedad Córdoba, Petronio Álvarez, Paula Moreno, Matilde Maestre y… la lista se haría interminable.

Se hace insostenible que en nuestro tiempo aparezcan manifestaciones de un racismo perfumado de patrioterismo. Como el de uno de los escritores cienagueros que caricaturiza al Monumento de las Bananeras por ser una figura afrodescendiente. El mismo que refiriéndose al éxito del cantautor Guillermo Buitrago escribió: "el fenómeno Buitrago […] no es el clásico muchachito de clase baja que surge en la música sacada de un corral de vacas (Diomedes Díaz, Pacho Rada, por ejemplo).

Ni de los sectores suburbanos de las grandes ciudades (Aníbal Velásquez), sino […] que ha salido de la clase media asimilada con la clase alta […] precisamente por ser él rubio, blanco, educado y de buenas costumbres, recibió el apoyo irrestricto de […] Antonio Fuentes, dueño y fundador de Discos Fuentes y de Emisoras Unidas".

Decidí terminar con esta rancia pieza literaria de trasnochado elitismo/racismo (del actual contratista cultural en el departamento del Magdalena), para que observemos que por todas partes se cuecen habas de discriminación: contra pobres, negros, mujeres, indígenas, Lgbttti, librepensadores, etcétera. Frente a este tipo de manifestaciones culturales debemos todos emprender una gran cruzada intelectual para que de un tajo desterremos, entre otras, la infamia del racismo.



Más Noticias de esta sección

Publicidad