Color de piel: una larga lucha (4)

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Escrito por:

Carlos Payares González

Carlos Payares González

Columna: Pan y Vino

e-mail: carlospayaresgonzalez@hotmail.com



La UFC diseñó un modelo laboral que agotaba la capacidad laboral de los trabajadores cuando lo consideraba necesario. De ahí que prefiriera mano de obra negra. M. C. Keith (gerente) había tenido problemas cuando fue abandonado por los negros en sus plantaciones de Costa Rica. El negocio iba viento en popa cuando se inició la construcción del Canal de Panamá. Ferdinand de Lesseps ofreció a los jamaiquinos salarios de 5 dólares/día (Keith pagaba 1 dólar/día), lo que ocasionó un éxodo desde Costa Rica hacia Panamá. Las plantaciones empezaron a quedarse solas. Keith no tuvo otro camino que buscar mano de obra en Italia. Los italianos no lograron adaptarse a la inclemencia climática y a las pestes tropicales. Sin embargo, dejaron para la historia la realización de la primera huelga llevada a cabo por parte de trabajadores del banano. 

La visión cuasi-esclavista de Keith era tan evidente que prefería que los "mozos de finca" fuesen manejados por capataces blancos traídos del sur de los EEUU. Estos recordaban bien la época de la esclavitud en su país, por lo tanto, sabían los métodos que tenían que emplear en las llamadas "repúblicas bananeras". La manera rapaz de concebir la relación laboral por la UFC quedó plasmada cuando en 1910, en Guatemala, un grupo de negros jamaiquinos (alrededor de 600) se quejaron de los altos precios de los Comisariatos. Por medio de una asonada saquearon las mercancías. Como el Ejército y la Policía no intervinieron contra los manifestantes, la UFC contrató malhechores que terminaron asesinando a William Wright, un jamaiquino que apoyaba la protesta. El presunto asesino fue premiado posteriormente con un contrato de Superintendente de la UFC. Después de las huelgas en Bocas del Toro (Panamá) a los negros jamaiquinos se les apuntaba con fusiles mientras trabajaban. Dice Peter Chapman que cuando un trabajador asesinaba a otro, era trasladado de finca; cuando un blanco asesinaba a un trabajador, era trasladado a otro país; y cuando un trabajador negro mataba a un blanco simplemente desaparecía o resultaba muerto por casualidad. 

Existen datos para reconocer que una oleada de inmigrantes negros jamaiquinos llegó a la zona bananera de Ciénaga. Algunos funcionarios de Panamá y Colombia vieron con malos ojos esta circunstancia. El 21 de agosto de 1895, el diario panameño 'El Progreso' preguntaba: "¿La clase plebeya jamaicana le conviene a Colombia?"; a su vez, respondía: "No, porque la mayor parte de la que viene a estos territorios es ignorante y corrompida, y no sirve sino para mezclar la sangre del país y hacerla degenerar, como sucede con la raza china. No, porque el sexo débil de esa inmigración es inmoral y relajado, y esto corrompe y tarda el adelanto de los pueblos".

Bajo una mirada racista, el cónsul colombiano en Kingston, F. López Pomareda, el 6 de octubre de 1910, envió una carta al Jefe de Resguardo de Santa Marta, para advertirle que la UFC "empieza a establecer una corriente de inmigración entre esta isla y ese puerto". Simultáneamente, advierte el funcionario que los inmigrantes de color negro poseen una enfermedad contagiosa conocida como "tracoma", amén de ser gente de "pésimas costumbres", cuando lo que necesita Colombia es "gente sana, blanca, de buenos hábitos, que se establezcan con sus familiares y que desarrollen nuestras riquezas naturales". El jefe de Resguardo, Roberto Ospina Padilla, contestó de la siguiente manera: "Para café tinto con leche, ya aquí tenemos en cantidad suficiente y no necesitamos más. La contagiosa enfermedad de "gios" conocida con el nombre de tracoma, es un horripilante flagelo del cual debemos librarnos por todos los medios posibles, hasta el de la fuerza, ya que el Superintendente de la United Fruit Company, en Kingston, ha hecho la insólita declaración de que aquí en Santa Marta no existe ni vigilancia ni sanidad que impida la inmigración de negros, raza inconveniente y de pésimas costumbres, y quién sabe de qué más". Alberto Luna Cárdenas sobre el tema aporta que "por eso todos aquellos pueblos y localidades, desde Ciénaga hasta Fundación, estaban colmados de inmigrantes de todos los departamentos del país y de países extranjeros… la mayoría de los cuales se sometía a los reglamentos y dictados de la técnica, bajo la dirección y vigilancia de los intendentes, generalmente estudiantes y de los subalternos de éstos, de ordinario negros jamaicanos ("yumecas") entrenados en Puerto Limón y otros lugares de Centro América, donde el cultivo de banano había prosperado mucho más que en estas tierras del Magdalena".

No menos importantes son los aportes de Cristian Olivero Pavajeau donde muestra la participación de la 'raza negra' en la zona bananera del Magdalena. Señala que hoy existe un barrio de negros en Guacamayal con el nombre de Barrio Nuevo de Zuluaga, que parece no ser visto por la oficialidad académica y gubernamental. También la economista Adriana Mercedes Corso ratifica la alta inmigración de negros para la siembra del banano: en "el diario La Prensa, de la ciudad de Barranquilla, el diputado J. M. Lacouture, acusó a la UFC de la introducción de negros por el puerto de Barranquilla… Lacouture abanderó el pronunciamiento de oposición a este acto alegando que, de ser cierto el acontecimiento, la yunai infringió la ley con este procedimiento, al tiempo que expresó su preocupación por el deterioro que la raza negra generaría a la especie humana de esta provincia".

Nótese el sentido 'racista' que sigue siendo aún común en algunos dirigentes políticos y sociales del departamento del Magdalena. Por desgracia, también ocurre lo mismo con algunos escritores de la pequeña patria cienaguera.



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