Se reduce el hambre pero aumentan la obesidad y los precios

Editorial
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La región de América Latina y Caribe logró en 2025 avances constantes en la reducción del hambre, aunque aún afecta a 32 millones de personas, y encara otros problemas como la obesidad o los altos precios de una dieta sana.

Ante esta última aseveración hay que tener en cuenta, que América Latina tiene un amplio portafolio de comida de todo tipo, que hacen las delicias de los que viven en esta región.  En el año pasado, 2025 se pudo constatar que esto  equivale a unas 645 millones de personas, pero se subraya que Latinoamérica tuvo avances constantes en estos temas. En esta región se estima que esta situación afectó al 4,8 % de la población, hasta las 32 millones de personas, pero esto se traduce en una disminución de más de un millón respecto a 2024 y de 7,5 millones en comparación con el pandémico 2020.

Sin embargo, la mejora es desigual dentro del continente: mientras que los datos más optimistas están en América del Sur, con una prevalencia de subalimentación en caída hasta el 5,1 % en 2025, en el Caribe el 16,6 % de su población tuvo hambre el pasado año.

Estas estimaciones constan en el informe anual 'El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo' (SOFI 2026) elaborado por la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (Fida), el Programa Mundial de Alimentos (PMA), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Fondo para la Infancia (Unicef).

Por otro lado, en dicha región preocupa los datos de inseguridad alimentaria, el hecho de que la gente no tenga acceso a alimentos suficientes, seguros y nutritivos; el paso previo al hambre.

En el mundo del 2025 unas 2.100 millones de personas sufrían inseguridad alimentaria moderada o severa y el 22,9 % vivía en América Latina o el Caribe. Es un dato elevado aunque menor que el 33 % registrado en 2020. Más en detalle, las personas subalimentadas decaen en numerosos países: en México, por ejemplo, pasaron de los 4,2 millones en el periodo 2004-2006 a los 4,1 millones entre 2023 y 2025.

En el mismo periodo en El Salvador pasaron de 500.000 a 300.000 personas; en Argentina, de 1,4 millones a 1,3 millones; en Bolivia, de 2,6 millones a 2,4 millones; en Colombia, de 4,6 millones a 2,2 millones; en Perú de 5 a 2 millones y en Venezuela de 2,1 millones a 1,5 millones de personas, entre otros países de la región.

Se verá un avance en la disminución de la prevalencia del hambre, una mejora constante en los últimos años; sin embargo hay varios datos que preocupan sobremanera.

El primero es la obesidad, que ha crecido en la última década en casi diez mundos. En 2012 el 22,5 % de la población latinoamericana era obesa; en 2024 -último dato disponible- había subido al 31,5 %.

Esto es algo que se ve en muchas regiones del mundo; gente que al mismo tiempo tiene hambre y es obesa dejando además datos  muy importantes sobre costos sociales y fiscales de la obesidad.

Otro indicador alarmante es la anemia entre las mujeres, que empeorará hasta el 19,9 % en 2023. Este fenómeno, puede responder a que la gente coma más, incluso más calorías, pero que consumen dietas menos ricas en micronutrientes como el hierro.

Otro problema es que Latinoamérica registra el mayor precio del mundo para una dieta saludable, hasta los 4,91 dólares de media. Esto se debe en parte a la cadena de las frutas y verduras: a diferencia que el grano, necesitan una infraestructura de refrigeración que en muchos lugares es precaria, se ve que sigue habiendo muchas pérdidas de alimentos. 

Para combatir el hambre, la región puede optar por diversificar su producción y por la agroecología, no solo por su efecto positivo medioambiental sino también porque disminuye la dependencia de hidrocarburos, en un mundo sujeto a los oscilaciones del mercado por los conflictos.

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