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García Márquez, a los diez años de su muerte

Foto del escritor colombiano y premio nobel de literatura, Gabriel García Márquez tomada en La Habana el 16 de diciembre de 2005.EFE.

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El Nobel de Literatura Gabriel García Márquez hubiera cumplido en marzo 97 años, si una neumonía no le hubiera arrebatado la vida hace ahora diez años en Ciudad de México, donde vivió gran parte de su vida y murió el 17 de abril de 2014.

El Nobel de literatura 1982 fue despedido con un espectacular homenaje ante la presencia de autoridades y de más de 50.000 personas que acudieron a despedirlo en medio de una lluvia de mariposas amarillas, uno de los símbolos de su universo literario.

Si ‘Cien Años de Soledad’ fue una de las obras más reconocidas -y queridas- de su producción literaria, tal vez quiso el destino que el escritor colombiano falleciera un jueves santo, de hace ahora diez años al igual que Úrsula Iguarán, uno de los personajes claves de esta misma novela e inspirada en la figura de abuela materna, también central en su niñez.


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Gabriel José de la Concordia García Márquez nació en Aracataca, Colombia, el 6 de marzo de 1927 -pero que vivió, escribió y murió en México- fue criado por sus abuelos maternos, personajes que marcaron su infancia: su abuelo, el coronel Nicolás Márquez fue un veterano de la guerra de los Mil Días y cordón umbilical del futuro escritor en ese camino entre realidad y ficción. Mientras que su abuela, Tranquilina Iguarán, fue fuente de inspiración para el pequeño Gabo con sus fábulas e historias familiares, esa visión mágica y supersticiosa de la realidad que después supo plasmar en su manera de narrar, el realismo mágico.


Un grupo de personas observa una línea cronológica de la vida del escritor colombiano y premio Nobel de literatura, “el compatriota más querido”. EFE.
Un grupo de personas observa una línea cronológica de la vida del escritor colombiano y premio Nobel de literatura, “el compatriota más querido”. EFE.


 Lo fascinante de este colombiano universal es que no sólo vive en la realidad, sino que la eleva al subconsciente, desata tabúes, supersticiones, fantasmas, mitos y cosmogonías “que llevamos dentro los caribeños” -decía García Márquez-, y nos hace confrontar pasado, presente y futuro conviviendo con nuestros espectros, antepasados y descendientes. 

 En una de sus entrevistas Gabo llegó a decir, “los críticos construyen teorías alrededor de esto y ven cosas que yo no había visto. Responden solamente a nuestro estilo de vida, la vida del Caribe. No hay en mis novelas una línea que no esté basada en la realidad”

Inició la carrera de Derecho, estudios que abandonó por lo que él confesó que fue su “primera y única vocación, el periodismo”, pero ha pasado a la historia por ser el padre del eso que se dio en llamar realismo mágico, y único colombiano en ganar el Premio Nobel de Literatura 1982, el escritor universal al que toda la humanidad confiesa haber leído con placer.

Una trayectoria literaria que arrancó con ‘La hojarasca’ en 1955 y concluyó en 2004 con ‘Memorias de mis putas tristes’, y una obra inédita que se van a publicar sus herederos.




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Cien años de Soledad

‘Cien Años de Soledad’ su obra más reconocida, recordada -y querida- de su producción literaria, tal vez el destino quiso que el escritor colombiano falleciera un jueves Santo, igual que Úrsula Iguarán, uno de los personajes de ficción, una de las claves de esta novela, que está inspirada en Tranquilina Iguarán, su abuela, una mujer importante en su vida, con una gran imaginación y muy supersticiosa.


 Gabo había fijado su residencia en México y ejerció como corresponsal de la agencia Prensa Latina en Estados Unidos, donde recibió tanto amenazas como críticas. Cien años de soledad fue escrita en México a finales de 1964, cuando se dirigía con su familia a Acapulco y le llegó la inspiración: “como una revelación, encontré exactamente el tono que necesitaba. Y el tono era contarlo como contaba las cosas mi abuela. Porque yo recuerdo que mi abuela contaba las cosas más fantásticas, y lo contaba en un tono tan natural, tan sencillo, que era completamente convincente. Y entonces no llegué a Acapulco. Regresé y me senté a escribir Cien años de soledad”.

Como escritor -opina su hijo Rodrigo García Barcha- seguramente no le hubiera querido que se lo publicaran porque era muy exigente, y tardaba en dar el visto bueno, pero también era un libro en el que él trabajó muchos años, demasiados para que no viera la luz, quizás porque como fue sufriendo el proceso del Alzheimer, trabajó varias versiones y la última vez que lo leyó pensó que el libro no tenía sentido, quizás porque ya había perdido facultades. Por otra parte, también sabemos que él entendería nuestras razones para publicarlo, siendo él quien era, una novela donde una mujer era la protagonista, sus lectores se merecen esta obra a juicio de quienes la han leído y valorado”. EFE.

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