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Titanic, la eterna fascinación por la tragedia

La historia del Titanic se ha recreado en distintas obras derivadas. La más famosa de ellas, la película de 1997 dirigida por James Cameron y protagonizada por Leonardo DiCaprio y Kate Winslet. (Foto EFE/Franck Robichon).

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Más de un siglo después de su hundimiento, el que para muchos es un barco “maldito” sigue siendo fruto de obsesión y teorías, hasta el punto de haberse cobrado cinco nuevas víctimas tras el accidente del Titan.


Ahora, 111 años después, el transatlántico más famoso de la historia se ha cobrado cinco vidas más: las de los tripulantes que iban a bordo del Titan, el submarino que implosionó el pasado 18 de junio mientras descendía para visitar los restos del naufragio.

Así, son muchos los que ponen nombre a la desgraciada casualidad y hablan de “la maldición del Titanic”, como si fuera una leyenda sobre un barco fantasma que sigue ligado a la catástrofe a pesar del tiempo. 

Y es que, mientras vuelve a ser tendencia en redes sociales y se ponen de moda una vez más las obras derivadas sobre su historia, lo cierto es que el Titanic sigue causando en muchos una magnética fascinación, como la de los cantos de sirena que arrastraban a los marineros a un ineludible destino.

Un visitante observa una maqueta del Titanic en el Museo Marítimo de Barcelona. El Titanic sigue causando en muchos una magnética fascinación. (Foto EFE/Toni Garriga).


El hundimiento del barco inhundible

Cuando el 10 de abril de 1912 el RMS Titanic inició el que fue su primer y último viaje, muchos de los que lo habían hecho posible soñaban con pasar a la historia por haber creado el barco más lujoso del mundo.

Solo sobrevivieron 706 de las 2.223 personas, entre pasajeros y tripulación, que iban a bordo. Una terrible cifra culpa de una serie de malas decisiones que van desde el número de botes salvavidas de los que disponía el barco (tan solo 20 de los 64 que podría llevar), al pánico colectivo por el cual muchas de estas embarcaciones descendieron sin cubrir todas las plazas de las que disponían.

Una mala suerte de confianza ciega, ambición y desafortunado azar hicieron que el Titanic no pudiera evitar el desastre. Un iceberg, personificación de la incontrolable naturaleza, fue la causa. El RMS Titanic chocó a las 23:40 del 14 de abril y se hundió definitivamente a las 2:20 de la madrugada del 15 de abril. 

Un mural dedicado al RMS Titanic en una calle a lo largo de la carretera Newtownards, al este de Belfast, Irlanda del Norte, Reino Unido. (Foto EFE/Paul Mcerlane).


Como él, muchos admiraban la belleza del gélido océano desde la majestuosidad del buque, sin ser conscientes de que horas después muchos perecerían en unas inclementes aguas a -2ºC, e ignorando las terribles ironías del destino que pudieran haber ofrecido otro desenlace.

Del fondo del mar a los anales de la historia

Y es que hay teorías, aunque sea imposible probarlas, que sostienen que, si el transatlántico hubiera chocado frontalmente, hubiera podido continuar su navegación. Y, si hubiera logrado girar unos segundos antes, habría podido esquivar el iceberg. 

Y fue otro buque, el RMS Carpathia, el que escuchó los mensajes de auxilio y acudió al rescate de los supervivientes. Pero cuando llegó a las 4 de la madrugada, el naufragio ya había sido letal.

Pero lo que es indudable es que, desde su hundimiento, el Titanic ha sido objeto de una magnética fascinación, que creció todavía más cuando en 1985 se descubrieron sus restos en el fondo del océano Atlántico, a 3.800 metros de profundidad, a los que el paso del tiempo va corrompiendo poco a poco.

Eterna leyenda de un recuerdo perecedero

Por supuesto, la historia del Titanic también se ha recreado en distintas obras derivadas. La más famosa de ellas, la película de 1997 dirigida por James Cameron y protagonizada por Leonardo DiCaprio y Kate Winslet.

La cinta hizo historia en los Óscar, al hacerse con 11 estatuillas doradas. Y ahora, resurge 26 años después ante lo sucedido con el Titan, pues son muchos los que quieren revivir la historia a través de la ficción y volver a conmoverse con el mítico drama de amor entre Jack y Rose.

La famosa joya perdida de la película de James Cameron, se exhibe junto a piezas auténticas.


Lo mismo ha sucedido con el documental “Ghost of the Abyss” (2003), disponible en Netflix y que, tras lo ocurrido con el submarino, se encuentra entre lo más visto de la plataforma 20 años después de su estreno. 

Al principio, hubo en muchos esperanzas de que durante las 96 horas de oxígeno de las que disponían los tripulantes, pudieran rescatarles. Una cuenta a vida o muerte en la que no lograron encontrar el vehículo y que encogía el corazón de muchos al pensar en la lenta agonía de los pasajeros. Después, se supo que la muerte fue prácticamente instantánea cuando se perdieron las señales.

El naufragio que hace naufragar

El propio James Cameron ha hecho un total de 33 inmersiones al barco, parte de ellas para el rodaje de su película. Y, como alguien experimentado en el campo, supo lo que le había ocurrido al Titan al enterarse de que se habían perdido la conexión y el seguimiento: “la primera explicación que se me ocurrió fue una implosión”, dijo a ABC News el director.

El cineasta “estaba impresionado por el parecido entre el desastre del Titanic en sí mismo” y lo ocurrido con el submarino, ya que ve en lo sucedido “una tragedia con muchas similitudes, en la que no se hizo caso de las advertencias y que ha ocurrido exactamente en el mismo lugar”.

Y es que ya en 2018 una treintena de expertos en vehículos submarinos advirtieron a Ocean Gate sobre los peligros del enfoque experimental de su proyecto, al igual que un exempleado de la empresa, David Lochridge. 

Él es uno de los cinco fallecidos que iban a bordo de la nave, junto al empresario británico Hamish Harding, el multimillonario pakistaní Shahzada Dawood y su hijo, Suleman Dawood; y el francés Paul-Henri Nargeolet. 

Este último, fascinado también por el Titanic, había descendido unas 37 veces y era amigo de James Cameron: “le conocía desde hace 25 años y que haya muerto trágicamente de esta forma me es casi imposible de asimilar”, dijo.