“Votar es el acto más profundo de respeto por la democracia; es asumir la responsabilidad con el país que somos y con el que soñamos ser”
Comprendo el desencanto de quienes miran la segunda vuelta presidencial y sienten que ninguna opción los representa plenamente. Escuchamos propuestas irrealizables, discursos incendiarios y una política reducida a la confrontación permanente.
Pero precisamente en momentos como estos es cuando más debemos recordar el valor de la democracia.
El ejercicio democrático no consiste en elegir candidatos perfectos. Nunca los ha tenido. Radica en la posibilidad de que una nación decida su destino mediante la palabra y no por la fuerza; mediante el voto y no a través de la imposición.
Winston Churchill sostenía que “la democracia es el peor sistema de gobierno, a excepción de todos los demás” y tenía razón. Porque, aunque imperfecta, lenta, frustrante y, a veces, decepcionante, sigue siendo el único método que nos permite elegir el rumbo de nuestra nación sin anular nuestra libertad.
Hoy Colombia enfrenta una elección difícil. El debate político carece de altura, las emociones parecen imponerse sobre las ideas. Empero, la respuesta no puede ser la indiferencia a través de la abstención. No podemos renunciar a elegir el destino del país.
Votar es el acto más profundo de respeto por la democracia; es asumir la responsabilidad con el país que somos y con el que soñamos ser. Cada voto es una afirmación de confianza en que Colombia puede construir su futuro sin imponer silencios, sin recurrir a la fuerza y sin renunciar a la libertad de pensar distinto. Esa es, quizás, la mayor fortuna que hemos heredado y la que tenemos el deber de preservar.
Cuando olvidamos el valor de la democracia, los populistas encuentran el terreno perfecto para convencernos de que perder la libertad es un precio aceptable a cambio de promesas incumplibles.
Que cada ciudadano vote según su conciencia. Pero que vote. Porque las democracias no mueren únicamente cuando las atacan; también se debilitan cuando quienes creen en ellas dejan de defenderlas.
Hay momentos en la historia de una nación en los que el voto deja de ser una elección entre candidatos y se convierte en una decisión sobre aquello que no estamos dispuestos a perder.
Es mi palabra ∴