Ecos del mundial 2026 – 1

Columnas de Opinión
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El campeonato mundial del futbol es el evento más popular del mundo deportivo. Llega a cada rincón del planeta y siempre rompe récords de asistencia y audiencia televisiva. Cuando termina, son inevitables los balances. Siempre aparecen sorpresas agradables, aspectos irritantes, contrastes, episodios memorables, actuaciones inolvidables y un sinnúmero de historias que persistirán eternamente.

El torneo que se jugó en tres países de dimensiones colosales implicó retos logísticos para los participantes; desplazamientos aéreos de varias horas, cambio de geografía, estadios disímiles, temperaturas extremas, partidos extendidos, etc. Por ello, la rigurosa planificación de los seleccionados tocó límites nunca vistos en lo deportivo, mental, fisiológico y otros aspectos de vital importancia para el rendimiento de cada equipo. Las nuevas reglas influyeron determinantemente en el desempeño de las selecciones: se buscaba minimizar las pérdidas de tiempo y reducir los errores arbitrales; aun cuando fueron acertadas, no siempre funcionó bien. Atinaron en los tiempos de sustitución, los saques de banda y las “lesiones” tácticas; algunas veces fallaron en evitar la recepción de instrucciones técnicas cuando el partido estaba detenido; se infringió la norma del diálogo únicamente entre árbitro y capitán, o la de rodear al juez central para debatir determinadas jugadas; la ley Prestiani (o Vinicius) se aplicó con rigor a equipos “chicos” y se omitió usarla con los históricos. Mejoró sustancialmente la tecnología del VAR y su aplicación, con decisiones más rápidas, pero no siempre hubo justicia; tampoco se mostraron las imágenes de algunos fallos polémicos, dejando dudas en decisiones críticas que pudieron afectar el desarrollo de algunos partidos.

Persistió la hegemonía de los grandes equipos; a la gran final llegaron cuatro naciones coronadas como campeonas, incluyendo a la vigente (esta columna fue escrita antes de la gran final). Los equipos suramericanos tuvieron una destacada fase de grupos, pero cayeron en las siguientes etapas, con excepción de la selección gaucha, incrustada en la cita definitiva. Decepcionaron especialmente Brasil y Colombia. De los brasileros se esperaba una actuación sobresaliente; Colombia, con jugadores destacados en sus respectivas ligas, mostró un deficiente nivel colectivo. El técnico se obstinó en sostener a James Rodríguez contra toda evidencia; con 35 años, su bajísimo nivel y pobre contribución al juego colectivo contrasta con la brillantez de Messi, la máxima estrella del torneo a sus 39 años. No es la edad: es la mentalidad. Lorenzo falló en las formaciones y en las sustituciones; regaló sectores del campo por donde le hacían daño a Colombia. Las sustituciones parecían programadas: los mismos titulares reemplazados por los mismos suplentes en los mismos momentos. Se destacaron algunas individualidades, pero el colectivo merece una calificación diferente.

Los europeos, con el mayor número de selecciones, sostuvo su hegemonía en las fases decisivas; tres de cuatro semifinalistas. Pero tuvo grandes decepciones con Alemania y Croacia, invitados que no acudieron a las instancias decisivas. La Concacaf tuvo una actuación acorde con su actual nivel; superaron sin obstáculos la fase de grupos, pero cayeron en los octavos ante potencias reconocidas: Canadá ante Marruecos, México ante Inglaterra y Estados Unidos frente a Bélgica. Gracias al mayor número de seleccionados en este mundial, Haití, Panamá y Curazao participaron en condición de aprendices pagando caro su boleto. África sorprendió gratamente con una de sus mejores actuaciones colectivas: Marruecos se instaló en octavos viniendo de una brillante actuación en Catar 2022; se puede decir que mantuvo su nivel. Egipto logró avanzar a octavos, perdiendo su clasificación en un brillante partido ante Argentina. Cabo Verde fue una agradable sorpresa; en las eliminatorias y dieciseisavos empataron frente a los finalistas España y Argentina. El portero Vozinha fue la gran revelación del torneo; con 40 años demostró que la edad no es óbice alguno. La federación asiática comprobó que Japón, del que se esperaba más, y Corea del Sur dominan el balompié de la región, pero están lejos de ser altamente competitivos. Uzbekistán y Jordania, aprendices, igual que Nueva Zelanda, el único representante de Oceanía.

Columna: Coloquios y Apostillas e-mail: hernando_pacific@hotmail.com