Toda reforma judicial debe medirse por su capacidad para hacer más eficiente la administración de justicia. Las instituciones procesales no pueden mantenerse únicamente por tradición cuando la experiencia demuestra que han perdido buena parte de su utilidad.
Ese parece ser el caso de la audiencia de formulación de imputación en el sistema penal acusatorio colombiano. Creada por la Ley 906 de 2004, la imputación tiene como finalidad comunicar al investigado los hechos jurídicamente relevantes que la Fiscalía le atribuye. Su propósito fue fortalecer el derecho de defensa y garantizar la transparencia de la investigación. Sin embargo, después de más de veinte años de vigencia, resulta válido preguntarse si esta etapa continúa siendo indispensable o si se ha convertido en una formalidad que retrasa innecesariamente el proceso penal. En la práctica, la audiencia de imputación no resuelve ningún aspecto de fondo.
El juez de control de garantías no determina la responsabilidad del investigado ni evalúa la solidez de los elementos probatorios recaudados por la Fiscalía. Su función consiste, principalmente, en verificar el cumplimiento de requisitos formales, mientras el fiscal expone una hipótesis jurídica que incluso puede modificarse en la acusación. Esta realidad explica por qué numerosos operadores judiciales consideran que la imputación consume tiempo y recursos sin aportar un verdadero valor decisorio.
Miles de audiencias ocupan diariamente la agenda de jueces, fiscales y defensores, generando aplazamientos y congestión, cuando la verdadera confrontación jurídica tiene lugar durante la acusación y, especialmente, en el juicio oral, donde las pruebas son debatidas con plenitud de garantías. Eliminar esta etapa no significa debilitar el debido proceso. Significa preguntarse si las mismas garantías pueden asegurarse mediante mecanismos más ágiles y eficaces. La experiencia comparada demuestra que sí.
Sistemas acusatorios como los de Estados Unidos, España, Alemania y Chile no contemplan una audiencia autónoma equivalente a la colombiana. El investigado conoce formalmente los cargos mediante la acusación o el requerimiento fiscal, sin que ello implique una reducción de sus derechos.
Una reforma en este sentido produciría beneficios evidentes. Contribuiría a descongestionar los despachos judiciales, reduciría la duración de los procesos y disminuiría los costos asociados a la celebración de miles de audiencias de carácter predominantemente formal. Asimismo, evitaría numerosas nulidades derivadas de errores en la formulación de la imputación, controversias que consumen recursos sin acercar al sistema al esclarecimiento de la verdad. Naturalmente, cualquier modificación debe preservar las garantías constitucionales. El investigado debe conocer oportunamente los cargos, contar con defensa técnica y disponer de todas las herramientas necesarias para controvertir las pruebas.
El verdadero contenido del debido proceso no depende de la existencia de una audiencia específica, sino de la protección efectiva de esos derechos durante todo el trámite penal. La Constitución no impone un procedimiento penal inmodificable. Corresponde al legislador adaptar el proceso a las necesidades de una justicia moderna, siempre que respete el artículo 29 de la Carta Política. Por ello, sustituir la audiencia de imputación por un mecanismo más eficiente no constituye una amenaza para las garantías fundamentales, sino una oportunidad para racionalizar el sistema.
La justicia penal colombiana necesita menos ritualismo y más resultados. Mantener actuaciones cuya utilidad práctica es discutible solo incrementa la congestión y retrasa las decisiones que realmente interesan a las víctimas, a los procesados y a la sociedad. Ha llegado el momento de abrir un debate serio sobre la permanencia de la imputación y preguntarnos si proteger el debido proceso exige más formalidades o, por el contrario, procedimientos más simples, ágiles y eficaces. Una justicia moderna no se mide por el número de audiencias que celebra, sino por la calidad y oportunidad de las decisiones que ofrece.