Santa Marta: Estado de fuga

Columnas de Opinión
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            Hay una herida latente en Santa Marta que nadie se atreve a mencionar. Los jóvenes se están yendo y con ellos no solo se marcha el futuro o un sueño, sino la posible transformación que requiere la Perla de América.


El samario joven mira su ciudad y siente que no cabe en ella. Que no hay empleo, que los salarios no alcanzan, que las oportunidades están reservadas para los beneficiarios del politiquero de turno. Que la meritocracia es un mito y que el talento, por brillante que sea, se estrella contra la pared de la corrupción, del clientelismo y del estancamiento económico.

 

Y entonces se van...

A las grandes ciudades o pa’ otros países.

Simplemente se marchan porque quieren vivir y no sobrevivir, como a veces nos toca.

Lo doloroso es que esta fuga no solo es estadística: es emocional. Son familias rotas, madres que extrañan, barrios que pierden a sus líderes naturales, universidades que gradúan talento que nunca retorna. Es una hemorragia silenciosa de esperanza.

Así nos ha pasado a muchos…

Vemos envejecer a nuestros abuelos en videollamadas de Alexa y WhatsApp, mientras llegan las vacaciones para poder abrazarlos.

Santa Marta, que debería ser un semillero de creatividad, innovación y cultura, se está convirtiendo en una ciudad que expulsa a los suyos porque no tiene cómo retenerlos.

Y lo peor de todo, es que lo seguimos normalizando.

La ciudad está envejeciendo sin darse cuenta. Al igual que sus grupos politiqueros, se queda sin relevo generacional, sin nuevas ideas, sin energía transformadora. El círculo es perverso, porque ajá: sin jóvenes no hay renovación; sin renovación no hay progreso; sin progreso… se van más jóvenes. ¡Parece imparable!

¿Qué futuro puede tener una ciudad cuya juventud sueña con irse?

En vez de sustraer los recursos de la ciudad, los politiqueros deberían promover empleo digno, emprendimiento real, movilidad social, educación pertinente y un ambiente urbano que los invite a quedarse.

Si la ciudad no cambia, los pelaos seguirán empacando.

Y nosotros seguiremos despidiendo no solo hijos, sino porciones enteras del futuro.

Es mi palabra

 
Columna de Opinión e-mail: andrescpachano@gmail.com