Elecciones Atípicas del Magdalena: Ni caudillos, ni reciclados.

Columnas de Opinión
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“No resistimos más corrupción: obras inconclusas, hospitales vacíos, carreteras rotas, acueductos que no funcionan y mucho menos politiqueros populistas disfrazados de salvadores, ni caudillos reciclados que hablan de cambio y gobiernan con el mismo clientelismo de siempre usando al Magdalena como botín”


Las elecciones atípicas del Magdalena no son un simple trámite administrativo ni un capricho coyuntural. Son la consecuencia amarga -pero necesaria- de una irresponsabilidad política que se veía venir desde lejos: la megalomanía de Rafael Martínez, quien insistió tercamente en apoyar a candidatos de Partidos Políticos distintos al suyo, en su aspiración a la Gobernación. Sabía que no podía, sabía que la ley se lo impedía, sabía que arrastraba consigo una sombra jurídica que amenazaba todo el proceso… y aun así lo hizo, como todo un remedo de caudillo, creyéndose intocable y pasando por encima de la ley. En consecuencia, aquí estamos nuevamente, pagando todos los magdalenenses las consecuencias de su terquedad. Otra vez el departamento en la incertidumbre, otra vez el calendario electoral alterado, una vez más ese sabor amargo de improvisación y desgaste institucional.

Pero la vida -y la democracia- tienen una virtud maravillosa: aun en medio del caos permiten la luz. Y esta luz se llama participación ciudadana.

Este 23 de noviembre tendremos la oportunidad de elegir al nuevo gobernador del Magdalena. Pero ojo: no se elige solo una persona; se define si seguimos hundidos en la pelea mezquina de los caciques de antes y los caciques de ahora, o si por fin damos un salto hacia un acuerdo programático que piense en el Magdalena como un proyecto colectivo. Porque seamos claros: dos años no alcanzan para construir un gobierno, pero sí para sembrar una hoja de ruta, reorganizar prioridades y marcar un norte. Lo que no se haga con sentido de unidad en este periodo no podrá sostenerse en el siguiente.

El Magdalena no aguanta más la terrible corrupción que lo ha sometido a obras inconclusas y elefantes blancos oxidados por la desidia, hospitales con fachadas perfectas pero que por dentro están vacíos y permanecen cerrados, carreteras rotas, escuelas sin pupitres, acueductos que no funcionan y alcaldías sin brújula. No aguanta más politiqueros disfrazados de salvadores, ni caudillos reciclados que hablan de cambio y gobiernan con el mismo clientelismo de siempre. ¡No más!

El castigo tiene que ser ahora, en las urnas. No hay más tiempo para paños de agua tibia. A quienes sometieron a los pueblos del Magdalena al abandono -ayer y hoy- hay que enviarlos al mismo exilio moral al que condenaron a la gente de nuestros municipios. Hay que castigarlos con el voto. Hay que cerrarle la puerta a quienes ven el departamento como botín y no como hogar.

Hoy se abre la posibilidad de construir un acuerdo serio, decente, programático y real, un acuerdo nacido desde la gente y para la gente. Un acuerdo en el que todas las vertientes políticas -sí, todas- se sienten a pensar en el desarrollo integral, en el bienestar social, en la justicia climática que exigen nuestros ríos y ciénagas, en el orden y la seguridad que clama cada barrio y vereda.

Que esta elección atípica sea el punto de quiebre a la corrupción histórica que vivimos, la chispa que por fin despierte al gigante dormido.

Por eso, mis queridos amigos, los invito a que salgamos a votar masivamente el próximo 23 de noviembre, porque sólo entre todos, y con la fuerza de la unidad, construiremos el gran departamento que merecemos.

 

Es mi palabra ∴

 
Columna de Opinión e-mail: andrescpachano@gmail.com