Colombia retrocede de manera acelerada en materia de movilidad; de ello no escapa nadie. Autoridades, legisladores, conductores, peatones, comerciantes de vehículos, escuelas y familias. Nadie está en condiciones de lanzar la primera piedra; todos hemos cometido alguna infracción a las normas de tránsito.
Cuando aparecen los policías de tránsito a poner comparendos, tenga la certeza de que, o no han generado el número suficiente de ellos o están en campañitas publicitarias. La prevención no aparece en el primer lugar de la agenda. No sé si las autoridades de tránsito tienen un número insuficiente de policías, no están interesadas en reducir la facturación por multas o su gestión es inapropiada ¿Sabía usted que, gracias al Código de Tránsito, solo pueden imponer comparendos los agentes de tránsito que han presenciado la infracción? Por eso muchos ciudadanos trogloditas cometen cualquier infracción delante de los policías regulares, que no tienen competencia en esos casos. Leguleyadas y colombianadas; todo policía debería poner comparendos.
Una infracción peatonal frecuente es atravesar las calles lejos de la cebra y, si hay semáforo, con la luz en rojo; aquí y en el “primer mundo”. El problema es que, si además aparece un vehículo infractor, hay un riesgo enorme de un accidente automotor; muchos conductores no respetan las señales, cebras, semáforos, la edad y otras limitaciones físicas de los caminantes. La siniestralidad vial aumenta cada año: el año pasado en Bogotá aumentó en 38.8% el número de peatones fallecidos en accidentes de tránsito, 1827 casos, más de 5 casos/día. Muchas veces el conductor huye del lugar, mientras que las autoridades llegan después de la tempestad. Ocasionalmente, las cámaras de seguridad ayudan.
Otro problema enorme es el diseño y el estado de las vías; los conductores que evitan los huecos, protuberancias y obras tienen más probabilidades de colisión; en ciertos casos, los accidentes de moto por esos obstáculos causan el fallecimiento del conductor. Por otra parte, el mal estado de algunas vías principales genera trancones que causan reducción de la velocidad de tránsito, las consecuentes demoras, y mayor contaminación ambiental, además de mayor propensión a cometer infracciones. Frecuentemente, los huecos profundos producen daños vehiculares y nadie responde por ello, aun cuando paguemos toda la carga tributaria que conlleva poseer un vehículo. Los atascos son monumentales; según el Traffic Index, la velocidad promedio en Bogotá es de 25 kph; la capital tiene una de las peores movilidades. En Barranquilla, cada conductor pierde 130 horas/año por trancones, dice el Index. Estos causan demasiadas pérdidas económicas.
Las señalizaciones viales fallan en muchos casos; cámaras escondidas que, teniendo su reglamentación, generan comparendos irregulares ¿Sabían ustedes que cada cámara tiene una función definida, deben aparecer en los portales de movilidad, deben estar calibradas y certificadas, debidamente señalizadas y mucho más? En estos casos usted puede revisar las plataformas virtuales. Hay obras y reparaciones viales en los horarios de mayor flujo vehicular, afectando gravemente la movilidad. Lo óptimo es realizar tales labores en horarios nocturnos, cuando causan menos problemas; la falta de planeación vial es evidente.
Crece incontroladamente el parque automotor mientras las vías son insuficientes y muchas veces mal diseñadas; agreguemos la falta de cultura ciudadana. Por ejemplo, hay vehículos que no sabemos por dónde deben transitar: mototaxis, bicicletas eléctricas o bicicletas con motores de dos tiempos adaptados artesanalmente congestionan las vías mientras las ciclorrutas no son usadas debidamente por los ciclistas. Otro problema de gran magnitud son los domiciliarios, sujetos capaces de violar impunemente toda norma de tránsito conocida. Insisto en las motos; la probabilidad de un siniestro vial de estos vehículos es 6 veces superior a los demás.
El transporte público en Colombia es deficiente y contribuye sustancialmente a la congestión vial; es grave la presencia de buses y taxis piratas, y colectivos informales transitando por rutas no autorizadas. Todos, peatones o conductores, somos parte del problema, lo mismo que los planeadores urbanos y autoridades. Hace falta cultura ciudadana desde las casas y escuelas.