¿Por qué no sueño?

Columnas de Opinión
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Desde lo que he leído y comprendido, soñar es parte natural del funcionamiento del cerebro. Ocurre sobre todo en una etapa del sueño llamada fase REM —esas siglas quieren decir movimiento ocular rápido— que es cuando el cerebro se mantiene muy activo. Por lo que explican los especialistas, en ese momento es cuando solemos soñar y recordar con más claridad lo que soñamos.

He leído que, si alguien sueña demasiado o tiene pesadillas con frecuencia, eso podría estar relacionado con alguna alteración en ese ciclo. También puede deberse a interrupciones frecuentes durante la noche o incluso a trastornos como el insomnio, la apnea del sueño o el síndrome de piernas inquietas.

Igualmente, desde mis lecturas he llegado a pensar que factores emocionales como el estrés constante, la ansiedad, trabajar bajo presión o incluso llevar una vida problemática, agitada, repetitiva y mecánica no solo afectan cómo vivimos el día, sino que también se filtran en nuestros sueños. Es como si, aun después de dormir, siguiéramos con la misma agitación con la que estuvimos despiertos. En lugar de descanso, prolongamos el ruido mental en forma de pesadillas cargadas, confusas o angustiantes. En esos casos, puede ocurrir, que el inconsciente sigue procesando tensiones no resueltas, y eso puede ser una señal de que algo más profundo necesita ser atendido.

Por lo anterior, considero que soñar demasiado o tener frecuentes pesadillas no es un asunto menor. A menudo, esto refleja una mente en tensión, un inconsciente que trabaja intensamente para procesar emociones o conflictos que no han sido resueltos. Desde lo clínico, puede deberse a trastornos o al estrés acumulado. Sin embargo, también puede leerse en clave simbólica: las pesadillas son, muchas veces, metáforas de lo que no nos atrevemos a enfrentar en la vigilia. Desde lo espiritual, soñar en exceso puede señalar un desequilibrio interior, una mente aún aferrada al drama o al miedo. En cualquier caso, los sueños intensos no deben ignorarse: suelen revelar verdades que el yo consciente calla.

Ahora bien, es sabido que ciertos medicamentos o sustancias, como los antidepresivos o incluso el alcohol, pueden interferir con la fase REM, que es cuando suelen producirse los sueños más intensos. Esto no solo altera la calidad del descanso, sino también la posibilidad misma de soñar o de recordar lo soñado.

Me resulta convincente —e incluso más reveladora— una segunda interpretación, proveniente de mi vivencia espiritual. Desde hace años llevo una vida tranquila, guiada por principios budistas, en la que practico el desapego, la meditación y la atención plena. A mi modo de ver, este estilo de vida ha transformado mi relación con la mente y los estados de conciencia. En este contexto, no soñar o no recordar los sueños no me genera inquietud. Al contrario, lo interpreto como un signo de equilibrio interno.

Desde la filosofía budista, una mente serena, libre de juicios y pensamientos constantes, no necesita construir mundos de sueños para procesar conflictos. En su lugar, el silencio mental se convierte en medicina. Considero que, en mi caso, el ego onírico se ha disuelto en parte, lo que puede explicar la falta de narrativas durante la noche. Asimismo, pienso que la meditación constante modifica la arquitectura del sueño, reduciendo la intensidad y la necesidad de escapar a través de los brazos de Morfeo.

A mi parecer, el budismo —no como religión, sino como forma de vida— ofrece una clave profunda: no hay necesidad de aferrarse a imágenes, historias o sueños. Por eso, no recordar los míos no me inquieta. Más bien, lo entiendo como una señal de que mi inconsciente está en paz y que mi mente ya no necesita generar contenido simbólico para equilibrar tensiones internas. Algunos maestros, incluido el mío, consideran que soñar es una ilusión más, y que aferrarse al recuerdo de los sueños es también una forma de apego.

Por eso, más que preguntarme por qué no sueño, me pregunto: ¿no será que el silencio también sueña, pero de otra forma?

Columna de Opinión e-mail: tabaresluis@coruniamericana.edu.co

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