Guerra y creación artística

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El arte es una forma de conocimiento sensible que, a través de la creación simbólica, expresa, transforma y comunica las experiencias humanas más profundas. Más allá de su dimensión estética, constituye un lenguaje fundamental para comprender la realidad social, interpretar las emociones colectivas y reconstruir sentidos compartidos. En sociedades atravesadas por guerras emerge como una herramienta activa para la construcción de futuros posibles.

La paz verdadera exige transformar las relaciones, restaurar los vínculos sociales fracturados y dignificar la memoria de quienes han sufrido. Este tipo de procesos de paz no puede imponerse mediante decretos o acuerdos formales: requiere un trabajo profundo sobre las subjetividades, los afectos, las narrativas y los imaginarios colectivos. El arte, al abrir caminos que combinan la razón y la emoción, ofrece un terreno fértil para este tipo de transformaciones.

La historia reciente de Colombia ofrece ejemplos poderosos del rol central que ha tenido el arte en los procesos de memoria, resistencia y edificación de paz. Desde los murales que reconstruyen historias de despojo y lucha en los barrios urbanos, pasando por las obras de teatro comunitario que relatan las tragedias de la guerra en las veredas, hasta las performances que denuncian los crímenes de Estado, como los falsos positivos y las masacres de los paramilitares, las expresiones artísticas han permitido visibilizar lo que durante años fue silenciado o negado. Como ha expresado el Colectivo Mujeres Tejiendo Sueños en Buenaventura: “Cuando tejemos, no solo hablamos de nuestros muertos; bordamos también la esperanza de que la violencia no nos arrebate lo que somos”.

La experiencia de abordar la guerra interna mediante el arte, donde la población civil es sometida a masacres, desplazamientos forzados, violación sexual, reclutamiento de niños y niñas, despojos de tierras, resquebrajamiento de la familia, ajusticiamiento en presencia de la familia y desaparición forzada; ha mostrado cómo las herramientas simbólicas permiten trabajar el dolor de manera que trasciende la denuncia para abrir espacios de empatía y conciencia colectiva. La intervención artística en estos temas posibilita comprender no solo el hecho violento, sino también su impacto en la vida cotidiana, en la identidad de las comunidades y en su relación con el Estado y la sociedad. Iniciativas como el proyecto Nombrar lo innombrable, impulsado por la Comisión de la Verdad, han demostrado que la creación artística puede convertirse en un acto de memoria y de justicia.

Además, el arte ha sido un vehículo esencial para promover el reconocimiento de la diversidad étnica, cultural y territorial que define la nación. Al integrar prácticas que valoran la pluralidad de saberes y lenguajes contribuye a construir una paz que no se basa en la unificación de las diferencias, sino en su reconocimiento, respeto y valoración mutua. El Museo de Arte Moderno de Bogotá, por ejemplo, ha liderado programas de creación artística con excombatientes, donde, en palabras de los participantes, “el arte nos devolvió la voz que la guerra nos había arrebatado.”

En la práctica artística, trabajar desde la escucha activa y la reflexión crítica es indispensable para evitar la revictimización. En esta línea, la Facultad de Artes de la Universidad de Antioquia ha desempeñado un papel fundamental, integrando el rigor académico con la acción comunitaria. Desde su enfoque de investigación-creación aplicada, forma a estudiantes de pregrado, Especialización y Maestría en Derechos Humanos, capacitándolos para replicar estos saberes en sus comunidades y fortalecer procesos de paz desde la base social. Esto demuestra cómo desde la academia el arte puede sanar heridas, fomentar el diálogo y convertirse en motor de transformación.

Para concluir, en el contexto colombiano, el arte ha sido y sigue siendo una herramienta fundamental de memoria, de dignificación de las víctimas, de resignificación del dolor y de construcción de futuros. Al posibilitar el encuentro entre distintas memorias, identidades y territorios, contribuye a construir una paz viva, profunda y transformadora. Una que se teje cotidianamente en los espacios comunitarios, en las plazas, en los teatros, en los muros pintados de esperanza.

Columna de Opinión e-mail: tabaresluis@coruniamericana.edu.co

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