Entre la guerra y la paz deseada

Columnas de Opinión
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En El Príncipe, Nicolás Maquiavelo no disimula su escepticismo frente a los ideales pacifistas. Para él, el arte de gobernar exige una comprensión cruda y directa de la guerra como instrumento inherente al poder. Afirma que: “Un príncipe no debe tener otro objeto ni otro pensamiento, ni debe considerar cosa alguna como propia, sino el arte de la guerra y lo que a su disciplina y organización pertenece”. La guerra no es un accidente del poder, sino una de sus condiciones permanentes. No se trata de exaltarla, sino de entender que un Estado sin preparación militar, sin capacidad de defensa, sin claridad sobre el enemigo, está condenado a su ruina.

A partir de esta premisa, Maquiavelo no idealiza la paz. La considera deseable, sí, pero subordinada al orden, a la estabilidad y al interés del Estado. La paz duradera no es el resultado de la buena voluntad, sino de la victoria política sobre los enemigos reales. Por eso, para él, el trato hacia los enemigos del príncipe debe regirse por la prudencia estratégica y la firmeza calculada. El enemigo no puede ser incorporado al orden sin antes haber sido doblegado o reeducado. La clemencia, advierte el florentino, si se concede sin criterio, debilita la autoridad y fortalece la traición.

A la luz de estas ideas, la propuesta de Paz Total del presidente Gustavo Petro representa un modelo de negociación radicalmente opuesto al maquiavelismo. Apuesta por dialogar simultáneamente con guerrillas como el ELN, disidencias de las FARC, estructuras criminales urbanas y bandas armadas con control territorial. Lo hace desde una convicción ética: la violencia estructural del Estado y las exclusiones históricas han alimentado estos conflictos, por lo tanto, todos los actores armados deben tener una oportunidad de diálogo y reintegración.

Sin embargo, Maquiavelo habría advertido los peligros de una paz construida sin orden previo. En su lógica, el gobernante que cede a todos sus enemigos al mismo tiempo se arriesga a perder el control. Negociar con quienes aún tienen fuerza y armas, sin haber limitado primero su capacidad de daño, es un gesto que el príncipe pagará con su legitimidad. El idealismo mal gestionado puede convertirse en debilidad institucional. En nuestro caso, los múltiples ceses bilaterales sin verificación rigurosa, la expansión territorial de los grupos disidentes, y el incumplimiento sistemático de los compromisos por parte de actores armados ilegales, son señales que pondrían en alerta al viejo pensador Nicolás Maquiavelo.

En síntesis, el señor presidente Petro, sin embargo, ha sostenido un discurso de reconciliación incluso frente a actores armados sin voluntad política seria. Sus gestos de paz unilaterales pueden debilitar la autoridad estatal y, paradójicamente, facilitar la expansión del crimen, el despojo de tierras, aumento de cultivos ilícitos, masacres y ataques armados a la población civil.

Desde el punto de vista jurídico-político, este escenario también pone en tensión los principios del Estado de Derecho. La negociación con grupos armados ilegales debe estar sujeta a límites constitucionales, respeto a los derechos de las víctimas, y garantías de no repetición. Maquiavelo, con su visión pragmática, habría exigido que el príncipe jamás sacrifique el orden legal ni la credibilidad del Estado a cambio de promesas de paz inciertas.

Esto no significa negar la legitimidad de la búsqueda de paz del presidente Petro. Pero sí exige que su estrategia se ajuste a una realidad innegable: no todos los enemigos quieren la paz, y no toda paz es justa ni sostenible si no parte del reconocimiento del poder legítimo del Estado. Como diría Maquiavelo, la paz solo es posible cuando el príncipe tiene la fuerza suficiente para imponerla y luego sostenerla con instituciones sólidas y decisiones firmes.

En tiempos donde la línea entre actor político y actor criminal es difusa, Maquiavelo nos recuerda que la indulgencia sin disciplina no genera reconciliación, sino caos. La paz, en su sentido más noble, debe nacer de la victoria del orden sobre la violencia, no del pacto desesperado con quienes siguen ejerciendo el terror.

Columna de Opinión e-mail: tabaresluis@coruniamericana.edu.co

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