Con un tamaño ligeramente superior al normal, son más de 8.000 las estatuas de los guerreros de terracota que alberga el museo de la ciudad de Xi´an. Custodian la tumba del primer emperador chino, Quin Xi Huang, desde el año 209 AC. Es un valioso tesoro arqueológico,
considerado un símbolo de la sofisticación artística y militar de la antigua China. Hace pocos días, un turista local escaló la valla que separa al público del foso en el que se encuentran las estatuas y se lanzó sobre ellas causándoles daños graves a algunas figuras; aun cuando se dijo que “el hombre padece de enfermedad mental”, el caso se encuentra en investigación.
Hace cinco años, unos turistas extranjeros, cuatro hombres y dos mujeres, entraron furtivamente a Machu Picchu, permanecieron allí toda la noche y al día siguiente fueron detenidos: habían dañado parcialmente un muro, hundido el piso y dejaron su huella en el lugar: excrementos que negaron haber depositado. Un penoso daño que fue sancionado penal y civilmente en Cusco, incluyendo la posterior expulsión del país. La medida debió ser más drástica; ese lugar sagrado para los incas fue declarado Patrimonio Mundial de la Unesco y es una de las 7 maravillas modernas.
Por muchos años Oregón pudo disfrutar una curiosa formación rocosa, llamada Duckbill (pico de pato). Era una atracción turística muy fotografiada en la costa de ese estado. Hace 9 años, un grupo de vándalos adolescentes destruyó la formación natural con el pretexto de realizar un “servicio social”; afirmaron que la inerte roca era responsable de la fractura de la pierna de uno de ellos, que cayó después de traspasar una cerca, subirse en el Pico de Pato y resbalar. La Ciudad Perdida, en las profundidades de la Sierra Nevada de Santa Marta, ha sufrido el vandalismo continuado; muchos visitantes se llevaron como souvenir algunas piedras de las terrazas en las que se asentaban los bohíos nativos; fue particularmente destructiva la época en que se permitió la llegada de helicópteros sin control al lugar sagrado.
En Barcelona, Venecia y muchas otras ciudades turísticas, los habitantes sufren las oleadas de visitantes y la creciente gentrificación; han encarecido la canasta básica —alimentación, vivienda y servicios principalmente—, además de que irrespetan los mínimos de convivencia. Los japoneses se han sumado a ese rechazo, pues los influenciadores, tiktokers y youtubers ridiculizan sus costumbres tradicionales; por ejemplo, para ellos el metro es un lugar del mayor respeto pues, luego de jornadas agotadoras, requieren silencio para descansar en el trayecto hacia sus viviendas. Las payasadas y la bulla de esos bufones interrumpen el reposo de los japoneses; en otros casos toman videos o fotos no autorizadas y se burlan de sus símbolos culturales. Empiezan ya las agresiones y el rechazo a esos detestables personajes, con mucha razón.
Otro aspecto es la sobreexplotación de paraísos naturales o de maravillas de la humanidad. La espectacular Bahía Maya, que aparece en el filme The Beach, fue cerrada por las autoridades tailandesas; desde el estreno de la cinta, año 2000, la carga diaria de visitantes llega hasta 5.000 personas al día. Igual suerte está corriendo la isla Jeju, Corea del Sur. Caño Cristales, en la Sierra de la Macarena, es un tesoro natural que corresponde proteger; cuando el territorio estaba dominado por los insurgentes, no había turismo; tras los Acuerdos de Paz, recibe entre 15.000 y 20.000 turistas/año, suficiente para poner en riesgo ese delicado ecosistema. Cinque Terre, una de las ciudades más visitadas en el norte de Italia (2 millones de visitantes extranjeros cada año), manifiesta un deterioro significativo de la ciudad; los caminos para acceder allí se han estropeado y se reportan accidentes de turistas; mediante apps de seguridad, las autoridades recaudan dinero para reparar las vías. Me temo que en poco tiempo habrá medidas drásticas.
El buen turismo es productivo y siempre será bienvenido, no así el turismo masivo ni el depredador. Que lo digan Santa Marta, Cartagena o Medellín.