La paz total del presidente Petro desde el general Sun Tzu

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La paz total de Petro y El arte de la guerra de Sun Tzu comparten un principio: vencer sin luchar. Pero mientras el general chino lo logró con estrategia, Colombia parece empeñada en demostrar que, incluso en paz, se puede perder.

Según Sun Tzu, toda estrategia comienza con la evaluación de cinco factores: el camino, el clima, el terreno, el liderazgo y la ley. En este marco, puede reconocerse que Petro ha acertado al definir un camino ético basado en la justicia social como fundamento de la paz. No obstante, ha fallado en evaluar correctamente los demás factores. El terreno colombiano es profundamente desigual, el clima institucional está cargado de desconfianza, y el mando sobre las fuerzas armadas parece debilitado. En contextos así, las buenas intenciones no suplen la falta de conocimiento estratégico.

Además, se ha subestimado el costo político de prolongar indefinidamente la búsqueda de paz sin resultados. El general advertía que una guerra prolongada agota al Estado, y en este caso, el tiempo juega en contra de una ciudadanía que exige seguridad. La paz, si no se traduce en garantías reales, se convierte en una idea abstracta que erosiona la legitimidad institucional.

Desde el inicio del mandato, el presidente ha manifestado su voluntad de desarmar a los violentos sin enfrentarlos. Aunque esta intención puede considerarse valiosa, los hechos han demostrado que muchos grupos armados han aprovechado la mano tendida del Estado para reorganizarse y fortalecerse. Sun Tzu sostenía que vencer sin combatir es la forma suprema de la estrategia, pero eso solo es posible cuando el enemigo se siente superado, no legitimado.

La capacidad del Estado para actuar de manera coordinada también se ha visto afectada. La falta de articulación entre instituciones y niveles de gobierno es alarmante. La disposición de los medios —otro principio esencial de Sun Tzu— se encuentra desorganizada. Sin orden interno, no es posible garantizar paz externa.

El presidente ha intentado abarcar todos los frentes: ELN, disidencias de las FARC, grupos residuales y bandas urbanas. Esta dispersión estratégica ha sido contraproducente. La energía estatal se ha diluido, cuando lo correcto habría sido concentrarla en una región prioritaria para obtener una victoria visible. Como enseña Sun Tzu, la fuerza se mide en su impacto, no en su volumen.

Han existido decisiones preocupantes, como celebrar preacuerdos sin verificación o levantar órdenes de captura sin condiciones claras. Esta precipitación es peligrosa. No basta con moverse; es necesario saber cuándo avanzar y cuándo detenerse. La paz exige consolidación antes que velocidad.

El diálogo ha sido la herramienta principal del actual gobierno. No obstante, todo proceso de negociación requiere también un elemento de presión legítima. Cuando el Estado no impone límites, las estructuras armadas se aprovechan. La ausencia de una política clara de coerción jurídica y militar ha debilitado la palabra presidencial. Y sin disuasión, no hay negociación creíble.

Una de las fallas más graves ha sido la desarticulación del aparato de inteligencia del Estado. En los primeros meses de gobierno, se envió al retiro a decenas de altos mandos con amplia experiencia. Aunque legal, esta decisión fue políticamente errada. El relevo se dio en nombre de una supuesta renovación, pero dejó al Estado sin ojos ni oídos para anticipar amenazas. Sun Tzu lo expresó sin ambigüedades: sin espías, el soberano está ciego.

La intención presidencial de alcanzar la paz mediante el diálogo y la transformación estructural es legítima. Sin embargo, la paz no se alcanza solo con voluntad. Como la guerra, exige cálculo, conocimiento, liderazgo y firmeza. No es una consigna emocional ni un decreto simbólico. Es el resultado de una arquitectura institucional robusta, de una lectura clara del adversario y del terreno, y de una acción estatal que combine diálogo con disuasión, justicia social con autoridad legítima.

Si la paz es, como decía Sun Tzu, la victoria sin guerra, entonces debe ser conducida como una batalla estratégica, no como una utopía improvisada. Porque gobernar la paz, en Colombia, no es tarea de poetas, sino de estrategas.

Columna de Opinión e-mail: tabaresluis@coruniamericana.edu.co

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