Una semana para olvidar

Columnas de Opinión
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 Petro tuvo una semana para olvidar. Se le hundió la Consulta Popular, a pesar de toda la mermelada.  Nunca debió presentarse, pero ya presentada, lo sensato era hundirla. 

Convocar al pueblo para destruir la democracia, que es el canal por excelencia de la voz del pueblo, es una estupidez mayor.  Creerse el único vocero legítimo de la voluntad popular es locura de Petro.  El Congreso es también vocero legítimo del pueblo, y fue decisión del pueblo que se controlen los unos a los otros.

La Consulta Popular es el formato equivocado para reformar lo laboral, ya que la complejidad de la materia sobrepasa al entendimiento de las masas.  Los temas complejos fueron delegados al Congreso como escenario natural, ya que no solo refleja proporcionalmente las distintas posiciones, sino que además actúa de forma colegiada y es un órgano deliberativo.  La esencia de la democracia es el parlamento y no el ejecutivo.  Las preguntas de la Consulta Popular se basaban en utopías deseadas y no en la realidad del país.  Si se hubieran aprobado, la competitividad del país empeoraría y el efecto social sería devastador, llevando al incremento de la pobreza, el desempleo y a la destrucción del precario tejido empresarial.  Cualquier reforma laboral que se haga debe consultar la realidad y los retos de competitividad que enfrenta la economía colombiana.  Es algo demasiado serio como para dejarlo a caprichos ideológicos.

Por otro lado, Petro en un intento de darle una cachetada a Trump, se fue a China dizque a abrir mercado y atraer inversión.  No aprendió nada del precedente de Panamá, y entonces solo se fue a malgastar dinero, y a que los chinos le bailaran el indio. 

Para comenzar, China ha replanteado la utilidad de la Ruta de la Seda y ya no le da el mismo impulso de antes.  Dos razones para esto.  La primera, la economía china no está atravesando un buen momento y muchas de las inversiones no han sido rentables.  La segunda, es que en vez de ganarse la buena voluntad de los países donde han implementado proyectos, han terminado siendo villanos odiados. 

Lo más importante para que el paseo de Petro terminara siendo solo eso, es que China no quiere incomodar a Trump.  Hay demasiado en juego.  Trump quiere a China fuera de las Américas, y si China quiere que su pretensión de Taiwán no tenga tanta resistencia en el Coloso del Norte, mejor mantenerse fuera de la región, para más tarde poder invocar un mundo multipolar con zonas de influencia debidamente delimitadas.  Los chinos, de hecho, todos los orientales, no son buenos diciendo no de frente; entonces, le extendieron la alfombra roja a Petro, le mostraron la Muralla China, le dieron trato de jefe de estado, pero no harán absolutamente nada.  La historia milenaria les ha ayudado a entender que Petro es como un barro bobo en la nariz: toca esperar a que desaparezca por sí solo.  Y cada vez que Petro pregunte por el tren multimodal interoceánico, le sonreirán, le harán venias, le regalarán un sombrero vueltiao Made in China, y una imitación de la espada de Bolívar para que se la lleve para la casa o para el manicomio…y ya. 

Y es que se escuchan cosas absurdas.  Un ministro diciendo que a China iban a buscar ayuda para la transición energética.  China construye aceleradamente plantas de energía a base de carbón para fabricar los paneles solares y los autos eléctricos que le venden a Occidente.  Seguro nos miran con asombro por nuestra estupidez con el cuento del cambio climático.  Cuando mucho, deben estar construyendo la nave espacial gigantesca en que abandonaran el planeta cuando lo hayan destruido.  Ese coco a ellos no les quita el sueño.

Y todo indica que se viene la descertificación en la lucha antidrogas.  Las malas noticias no terminan.

Columna de Opinión e-mail: vivesg@yahoo.com

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