Lunes

Columnas de Opinión
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Al salir esta columna ya se conocerán los resultados de la segunda vuelta.  Hoy es lunes, y probablemente será un lunes como todos los lunes desde que existe el lunes.  Toca levantarse, arreglarse, desayunar e irse a trabajar.  Probablemente el tema del día sea político.

Unos celebrando la victoria del ganador y otros cabizbajos y meditabundos ahogando las penas de la derrota en el café con leche una mogolla.  Los unos eufóricos han recobrado la esperanza, y los otros sentirán el comienzo del anunciado apocalipsis.  

Aflorarán las personalidades de los compañeros de trabajo.  El que insiste todo sobrado en que ya él había cantado el resultado.  La histérica insoportable y quedada que ya está mirando tiquetes de avión y apartamentos para rentar en España, el mamador de gallo, del cual nadie sabe por quién carajos votó, pero que se la pasa jodiéndole y amargándole la vida a todo el mundo. El fatalista gatopardista que se la pasa citando el todo cambia para que nada cambie.  La que reparte los tintos y encargada de los oficios varios, que hasta el sábado tuvo una camiseta del perdedor y llega hoy a trabajar con la camiseta de la Selección Colombia, alegando que es porque juega hoy.  La depresiva a la que se la ha bajado la presión por enésima vez, y nadie sabe qué hacer con ella, a punto tal que el consenso generalizado es que a la próxima, la dejan morir.  En fin, el circo usual, pero en esteroides.  

La vida continúa, la tierra sigue girando y el sol seguirá saliendo para casi todos.  En una semana, todo habrá vuelto a la normalidad, si es que tal cosa existe en Colombia.  Nuestra surrealidad desafía el entendimiento del más entendedor de entre los entendedores.  Veremos lo que resta del mundial, habrá otros temas del momento según como le vaya a la Selección.  Llegará el 7 de agosto, y enviaremos a Petro a su casa, con una réplica de plástico de la espada de Bolívar, un sombrero de papel periódico y un caballito de escoba.  Esperemos que para ese momento ya haya encontrado casa, aunque tengo el palpito de que no la necesitará por mucho tiempo.

Ah, pero antes de despedir a Petro y a partir de hoy, comienza el segundo deporte nacional: la gabinetología.  Los entendidos nos anunciarán como chivas y confidenciales, los que suenan y truenan.  Será mes y medio dedicado a la lagartearía más grande.  Los que siempre suenan, ya habrán actualizado su hoja de vida y están preparados por si entra la llamada.  Ya practicaron frente al espejo una y mil veces lo que le dirán al presidente. Viven inquietos mirando el celular cada dos minutos, no sea que haya una llamada perdida.  Aparecen por esos días, los que sienten que porque estrecharon la mano al candidato o tienen un selfie en el teléfono o dedicaron los últimos meses a replicar sin descanso y de sol a sol todos los mensajes del entonces candidato, tienen derecho por lo menos a una embajada, y por mal que les vaya, agregado cultural.  Estos últimos son los más insistentes y nadie sabe cómo quitárselos de encima; son los mocos de la cosa política.  El presidente, primero anunciará el ministro de hacienda, para generar confianza y tranquilizar a los mercados, después Interior y defensa, y así sucesivamente.  Al final, muchos de los que sonaron, no tronarán, y unos que no sonaron, si tronaron…los famosos palos.

Se posesionará el nuevo presidente, y volveremos a la semi normalidad.  El metro de Bogotá habrá avanzado, y los políticos desempleados comenzarán a calentar motores para las locales.  Y en un abrir y cerrar de ojos, y cuando menos lo esperamos, escucharemos en la radio de los taxis y buses del país: ¡Se metió! en septiembre llega diciembre, y ahí fue que se nos metió las Velitas, Navidad, Año Nuevo, coronación de reina del carnaval de Barranquilla, preparación del carnaval, nombramiento del Rey Momo y de las capitanas, ensayos de comparsa, Carnaval, y entonces llega el fatídico día, en que el mismo man se muere todos los años el mismo día de la semana, como si fuera reloj suizo: fallece de cirrosis hepática no diagnosticada pero sospechada, Joselito Carnaval.  Del cual, dicho sea de paso, concluye uno que era una porquería de hombre, pero tenía éxito con las mujeres, porque deja un pocotón de viudas, menos mal sin hijos conocidos o reconocidos.

Después del lloriqueo y del velorio, viene el arrepentimiento del Miércoles de Cenizas, con sus respectivos mea culpas y golpes de pecho y comienza un nuevo ciclo.  Al final, el gatopardista fatalista tiene razón: todo cambia para que nada cambie.

Columna de Opinión e-mail: vivesg@yahoo.com