¿Ajá Leo, y hoy qué?

Columnas de Opinión
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No hay que votar enamorado, hay que votar despierto.

He escuchado a varios amigos manifestar, honestamente, que piensan en votar en blanco, no votar, o incluso elegir a la otra opción, no porque realmente crean en ese proyecto, sino por la resistencia que les genera la personalidad de Abelardo De la Espriella. Entiendo esa reserva. No todos conectan con su estilo frontal y su manera de entrar en la escena pública sin pedir permiso. Sin embargo, en la recta final hacia la segunda vuelta presidencial, Colombia no puede permitirse decidir desde la antipatía personal. En esta etapa, no estamos eligiendo al más agradable; estamos definiendo un rumbo. La incomodidad con un candidato no debe convertirse en un criterio nacional.

La democracia no se basa en afinidades sociales ni en gustos personales. Se trata de entender el momento histórico y decidir qué opción beneficia más al país real, no al ideal que cada uno imagina. Además, en la segunda vuelta es fundamental aclarar que votar en blanco no crea una tercera opción ni corrige el tablero. La abstención tampoco resuelve nada. Quien se refugia en el voto en blanco o en el silencio no se sale de la historia; simplemente, deja que otros la decidan por él. En este momento, Colombia no está para esa comodidad.

Por eso, es un error ver esta elección como una prueba de simpatía. El país llega a esta segunda vuelta con creciente inseguridad, fatiga económica, miedo en muchas regiones, y una sensación de que se ha perdido tiempo entre improvisaciones y escándalos de corrupción. Lo que debería indignar se vuelve paisaje y el deterioro se normaliza mientras la gente espera orden y seriedad.

A pesar de esto, Abelardo De la Espriella representa algo que una parte significativa de Colombia busca: autoridad y decisión para enfrentar el deterioro sin ambigüedades. Su propuesta no se limita a su tono o símbolo; detrás de él hay un equipo serio de profesionales trabajando en un plan de gobierno que se enfoca en la seguridad, la economía y la recuperación de la confianza.

Otro factor a considerar es la presencia de José Manuel Restrepo en su fórmula. Restrepo aporta lo que muchos colombianos prudentes desean ver junto a una candidatura de carácter: experiencia económica, seriedad técnica, y capacidad de gobierno. Ha hablado sobre corregir desequilibrios, reducir el tamaño del Estado y atender salud y energía sin desmontar programas sociales. Esta combinación de firmeza y conocimiento los convierte en el binomio completo.

Por el contrario, la otra opción ha entendido que necesita moderarse para atraer al centro, pero el proyecto de fondo sigue siendo el mismo: mayor centralidad del Estado y un peso político progresista, continuando una ruta que ha generado dudas en confianza, seguridad e institucionalidad.

Por eso, a quienes hoy dicen que votarán en blanco, no votarán, o que podrían inclinarse por Cepeda solo por no soportar la personalidad de Abelardo, les diría con afecto: no confundamos el desagrado personal con el juicio político. No elevemos la antipatía a una decisión nacional. No es cierto que uno quede moralmente limpio por no escoger. La madurez democrática consiste, a veces, en votar no por quien nos resulta ideal, sino por quien consideramos más conveniente para evitar un daño mayor y abrir una posibilidad de corrección.

¿Aja Leo y hoy qué? Hoy es el momento de dejar de decidir con la piel y comenzar a hacerlo con un sentido de país. En esta segunda vuelta, el voto en blanco no corrige nada y la abstención no absuelve a nadie. Nadie dijo que elegir es fácil, y que el candidato perfecto existe. Elige pensando en el futuro, y mi voto es por José Manuel Restrepo y su fórmula presidencial.

Columna de Opinión e-mail: leonorconsuelogomez@gmail.com