Los venenos de la modernidad

Columnas de Opinión
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Cuando tenía diez años, mis días comenzaban con la voz de mi abuela, quien me enviaba a la carnicería a comprar la carne para el almuerzo. Aún puedo recordar las hojas de bijao en las que el carnicero la envolvía: frescas y biodegradables. Las palabras plástico o policarbonato no tenían cabida en nuestro vocabulario.

En esos tiempos, las gallinas y los cerdos deambulaban libremente por la granja alimentándose con maíz y sobrados de comida. Pero esa realidad cambió de manera radical con la llegada de un invento que prometía revolucionarlo todo: el plástico. De pronto, bolsas, botellas, recipientes y teteros de colores inundaron nuestras vidas. 

Con el tiempo, vi cómo esta invasión de lo sintético fue más allá de los envases: los animales de granja dejaron de alimentarse de maíz y los sobrados fueron reemplazados por concentrados cargados de hormonas que transformaban pollos y cerdos en masas de carne en cuestión de semanas. Sin embargo, la industrialización no se detuvo en los animales. También los humanos sucumbimos a esta lógica de aceleración. Los suplementos para el gimnasio prometen músculos rápidos, moldeando cuerpos con la misma artificialidad que los pollos de engorde. 

En el ámbito del fisicoculturismo y el entrenamiento intensivo, la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) de México, ha emitido comunicados alertando sobre los riesgos del uso indiscriminado de esteroides anabólicos, hormona de crecimiento y suplementos cargados de químicos para mejorar la apariencia física. Estos incluyen efectos adversos como trastornos hormonales, enfermedades hepáticas o problemas cardiovasculares.

Alerta que el uso de sustancias para acelerar el crecimiento muscular se ha convertido en una práctica preocupante que trasciende los límites de la salud pública. Estos prometen resultados rápidos, moldeando cuerpos de forma artificial en un tiempo récord.

Adicionalmente, surge que el bisfenol-A (BPA), un componente presente en plásticos producidos a base de policarbonato como los teteros se convirtió en un silencioso enemigo. Estudios científicos en Estados Unidos y Canadá revelaron que el bisfenol-A (BPA), al calentarse, libera toxinas que imitan los estrógenos humanos, causando alteraciones hormonales. Lo más preocupante es que los fetos, bebés y niños son los más vulnerables a estos efectos. 

La investigación encontró que uno de los impactos más alarmantes radica en su capacidad para alterar el desarrollo sexual de los niños, un fenómeno que revela las profundas consecuencias de la exposición a este disruptor endocrino. El BPA, al imitar la acción de los estrógenos, puede interferir directamente con el equilibrio hormonal durante etapas críticas del desarrollo. En las niñas, esta exposición temprana se ha asociado con la pubertad precoz, un fenómeno en el que los cuerpos comienzan a experimentar cambios hormonales y físicos mucho antes de lo esperado. 

Igualmente, encontraron los científicos que, en los niños el efecto puede ser igualmente perturbador, ya que la exposición prolongada puede inhibir la producción de testosterona, alterando el desarrollo del sistema reproductivo y afectando características sexuales. Estos cambios no solo comprometen el desarrollo físico, sino que también plantean interrogantes sobre su impacto en la identidad de género en un contexto donde la formación hormonal es clave para el equilibrio emocional y social.  

Este panorama nos exige una reflexión urgente sobre el uso de materiales en productos de plástico especialmente aquellos destinados a los más vulnerables, como los teteros que, al ser calentados liberan sustancias que pueden alterar su desarrollo cerebral, inducir pubertad precoz o incluso predisponerlos a problemas de conducta y del metabolismo. 

Para concluir, la modernidad nos ha dejado también un legado de venenos disfrazados de soluciones. El plástico, los químicos, y las sustancias que moldean cuerpos son recordatorios de cómo el afán por la conveniencia puede sabotear el bienestar de generaciones enteras. Nuestro desafío es tomar decisiones colectivas y personales que nos reconcilien con la naturaleza y devuelvan la inocencia perdida de nuestras hojas de bijao y de los teteros de vidrio. 

Hoy, nuestros océanos y mares se han convertido en inmensas cloacas de plástico, causando la muerte de peces, ballenas, delfines, tortugas y corales.

Columna de Opinión e-mail: tabaresluis@coruniamericana.edu.co

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