América First: El último baluarte antes del colap

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Estados Unidos está al borde del abismo. Su deuda ha rebasado los 36 trillones de dólares y el solo servicio cuesta más de un trillón al año. Durante décadas, la nación más poderosa del mundo ha financiado su propio declive, sacrificando su industria, su comercio y su estabilidad en el altar de la globalización descontrolada. Esto no es sostenible.

Los políticos tradicionales, expertos en el arte de la ambigüedad, han alimentado este sistema con promesas vacías, discursos tibios y concesiones suicidas; y en los últimos tiempos promoviendo globalmente una agenda ambientalista apocalíptica que tiene poco sustento científico y mucho sustento ideológico.  En contraste, Donald Trump habla el lenguaje del mundo real, el de los negocios, donde lo único que importa son los resultados. No hay espacio para suposiciones, solo para hechos. Y el hecho es que Estados Unidos ha estado perdiendo por décadas.

Desde la Segunda Guerra Mundial, EE.UU. ha sido el motor económico del planeta, pero a costa de aceptar acuerdos comerciales que lo han desangrado. Se abrieron las puertas a Europa y Japón para su reconstrucción, a China en los 90 para su desarrollo, a Colombia como estrategia contra el narcotráfico y así sucesivamente a lo largo y ancho del planeta. Mientras tanto, otros países protegían ferozmente sus mercados. Canadá y la Unión Europea, campeones del proteccionismo, impusieron barreras mientras disfrutaban de acceso privilegiado al consumidor estadounidense.

Como resultado de la desindustrialización, Estados Unidos pasó de ser la fábrica del mundo a ser su mayor cliente. La riqueza fluyó hacia el exterior mientras se destruían empleos en casa. El statu quo es insostenible. Situación fue empeorada drásticamente por el asistencialismo a causas que poco o nada tienen que ver con los intereses estadounidenses, y por el altísimo costo de defender militarmente a los aliados e intentar preservar la paz mundial.

Curiosamente, aquellos que han protegido sus economías durante décadas ahora gritan "proteccionismo" cuando EE.UU. exige trato justo. Hipocresía en su máxima expresión. No buscan ni están interesados un acuerdo equilibrado, quieren seguir jugando con reglas desiguales donde ellos ganan y EE.UU. pierde.

Pero el reloj avanza. Con elecciones en el horizonte, Trump tiene poco tiempo para ejecutar su estrategia antes de que el sistema intente frenar su agenda. Internamente, los enemigos de América First manipularán a la opinión pública y usarán el sistema judicial como arma política. Globalmente, los socios comerciales harán todo lo posible para mantener sus privilegios.

Lo que está en juego no es solo un modelo económico. Es la supervivencia de la nación. Estados Unidos ha sostenido al mundo durante décadas, pero si colapsa, se hundirán todos con él.

No se trata de un capricho. No se trata de política. Se trata de evitar la quiebra de Estados Unidos.

La pregunta no es si América First es correcto. La pregunta es: ¿tendrá Estados Unidos el coraje de hacer lo necesario antes de que sea demasiado tarde?  Trump cree que su responsabilidad histórica es evitar el inminente colapso.  

Columna de Opinión e-mail: vivesg@yahoo.com

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