El drama de la salud en Colombia

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En Colombia, el derecho a la salud sigue siendo una promesa incumplida para miles de ciudadanos. Las historias de Fabián y Héctor, quienes padecieron diagnósticos erróneos, paseo de la muerte y falta de atención médica oportuna evidencian la crisis estructural del sistema de salud. Los errores de diagnóstico o paseo de la muerte no son  casos aislados; son fenómenos recurrentes que afectan a las poblaciones más vulnerables y pone en entredicho la efectividad de las políticas sanitarias.

El caso de Fabián, un ciudadano que se ganaba la vida como pescador en el Río Nechí, refleja la precariedad en la atención médica de regiones apartadas como el Bajo Cauca antioqueño. Un diagnóstico basado únicamente en síntomas, sin exámenes de laboratorio adecuados, lo condenó a la muerte. Su hija, en un esfuerzo desesperado, lo trasladó de Nechí al hospital de Caucasia y luego a Medellín, donde fue rechazado por cuatro hospitales. La centralización de los servicios de salud y la falta de capacidad en las instituciones sanitarias para atender pacientes sin barreras burocráticas son factores que incrementan las muertes evitables. La falta de exámenes médicos adecuados y la negativa de los hospitales a recibirlo terminaron por arrebatarle la vida.

La historia de Héctor, un comerciante luchador en Apartadó, es similar: un mal diagnóstico inicial, la ausencia de exámenes exhaustivos y una segunda visita a la clínica cuando ya era demasiado tarde. Un accidente cerebrovascular pudo haberse evitado con un adecuado triaje y una atención médica más diligente. La ineficiencia en el diagnóstico temprano y la escasez de especialistas en diversas regiones del país siguen cobrando vidas y dejando secuelas irreversibles en quienes logran sobrevivir.

De hecho, el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 3, que busca garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos, parece una utopía en Colombia. Aunque se han logrado avances a nivel global, como la reducción de la mortalidad infantil y la eliminación de algunas enfermedades tropicales, en el país persisten brechas en la cobertura de salud. La crisis sanitaria derivada de la pandemia de COVID-19 expuso aún más las debilidades del sistema: colapso hospitalario, desabastecimiento de medicamentos y retrocesos en la prevención de enfermedades como la tuberculosis y la malaria.

La realidad es que en Colombia la salud sigue siendo un privilegio. Los sectores más pobres tienen menos acceso a diagnósticos oportunos, tratamientos adecuados y especialistas calificados. La cobertura sanitaria universal sigue siendo un ideal lejano cuando las EPS priorizan sus balances financieros sobre la vida de los pacientes.

Sin embargo, la crisis en la atención médica no radica únicamente en la falta de especialistas, en el paseo de la muerte o en la deficiente infraestructura hospitalaria, sino también en la insuficiencia de recursos que el gobierno destina a los hospitales y al régimen contributivo y subsidiado. La deuda acumulada del Estado con las EPS y los centros hospitalarios ha generado un colapso financiero que limita la capacidad de atención, impide la adquisición de insumos esenciales y retrasa el pago a los profesionales, afectando gravemente la calidad del servicio. Sin un flujo adecuado de recursos, los hospitales públicos se ven obligados a restringir la atención, dejando a miles de pacientes sin diagnóstico ni tratamiento, lo que, en muchos casos, les cuesta la vida. La falta de giro oportuno convierte el derecho a la salud en una mera formalidad constitucional, mientras cientos de colombianos mueren esperando una atención que, en teoría, les corresponde, pero que en la práctica les es negada por un sistema colapsado por la indiferencia estatal.

Para concluir, es necesario un compromiso real del Estado para garantizar que casos como los de Fabián y Héctor no se repitan. No se trata solo de alcanzar metas en indicadores globales, sino de garantizar que cada colombiano, sin importar su ubicación o condición económica, tenga acceso a un servicio de salud digno y eficiente. La vida de los colombianos no puede seguir dependiendo del azar ni de la ineficiencia estatal.

Columna de Opinión e-mail: tabaresluis@coruniamericana.edu.co

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