Izquierda, Derecha y Derechos Humanos

Columnas de Opinión
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La política, dividida entre izquierda y derecha, tiene su origen en la Revolución Francesa, cuando los diputados que apoyaban al rey se sentaban a la derecha del presidente de la Asamblea Nacional, mientras que aquellos que promovían cambios radicales y la soberanía popular lo hacían a la izquierda. Desde entonces, esta división ha servido para diferenciar entre quienes abogan por la transformación social y quienes defienden la tradición y la continuidad institucional.

La izquierda filosófica ha estado históricamente ligada a ideas como la igualdad, la justicia social y la emancipación humana. En el siglo XIX, Karl Marx y Friedrich Engels cimentaron los fundamentos del pensamiento socialista con la teoría del materialismo histórico, denunciando las contradicciones del capitalismo y postulando la lucha de clases como motor de la historia.

El pensamiento de izquierda ha impulsado su expansión como garante de derechos sociales. El progresismo influenciado por el postmarxismo y el pensamiento decolonial, ha ampliado su agenda, incorporando luchas por el feminismo, el ambientalismo y los derechos de las minorías. Esta evolución, ha oscilado entre la utopía revolucionaria y la praxis reformista, intentando equilibrar ideales con gobernabilidad.

La historia de la izquierda está marcada por momentos de gran transformación, pero también por profundas contradicciones. Desde la Revolución Bolchevique de 1917, que instauró el primer Estado socialista en la URSS, hasta la Revolución Cubana de 1959, que desafió el dominio estadounidense en América Latina, los proyectos han oscilado entre la liberación y la imposición de nuevos dogmas. Mientras que el socialismo democrático europeo consolidó el Estado de bienestar, regímenes comunistas como el de Stalin o Mao Zedong derivaron en autoritarismos que desvirtuaron los principios de justicia que proclamaban.

En América Latina, la izquierda ha pasado por ciclos de auge y declive. Desde los movimientos guerrilleros de los años 60 y 70 hasta la marea rosa de inicios del siglo XXI con figuras como Lula da Silva, Hugo Chávez y Evo Morales, la región ha experimentado diversos modelos de gobierno de izquierda, con resultados dispares. Mientras algunos lograron reducir la pobreza y la desigualdad, otros reprodujeron las prácticas clientelistas, autoritarias y de corrupción.

Pienso que para ser una alternativa viable en Colombia, la izquierda debe alejarse de los dogmatismos y populismos que han minado su credibilidad. Debe construir proyectos económicos sustentables que combinen desarrollo con justicia social, sin caer en el estatismo ineficiente ni en la dependencia de liderazgos caudillistas. La clave está en consolidar una  democracia fuerte, con instituciones sólidas y políticas de inclusión que no dependan de coyunturas electorales o de un solo partido.

Por otra parte, siempre me he preguntado si es posible ser defensor de los derechos humanos desde la derecha. Tradicionalmente, la defensa de estos derechos ha estado asociada a la izquierda, dado su énfasis en la justicia social y la equidad. Me he respondido que los derechos humanos no pertenecen a una ideología en particular. Existen corrientes liberales de derecha que han defendido con vehemencia las libertades individuales, la democracia y el Estado de derecho.

No obstante, la derecha enfrenta un dilema: en su versión más conservadora, ha tendido a minimizar derechos como el aborto, el matrimonio igualitario o las garantías de los migrantes, priorizando valores tradicionales o la estabilidad del mercado. Por otro lado, la derecha liberal ha abogado por derechos civiles y políticos, aunque en muchos casos ha ignorado los derechos económicos y sociales.

Concluyo que ser defensor de los derechos humanos implica una postura ética y política, que va más allá del espectro ideológico. Si bien la izquierda ha sido la gran promotora de estos derechos, la derecha puede y debe asumir un rol activo en su defensa, siempre que no los subordine a intereses económicos o geopolíticos.

En síntesis, la izquierda ha sido un motor de transformación social, desde sus orígenes revolucionarios hasta sus manifestaciones contemporáneas. Su historia está llena de avances y retrocesos, pero su relevancia sigue vigente en un mundo marcado por la desigualdad y la crisis climática.

Columna de Opinión e-mail: tabaresluis@coruniamericana.edu.co

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