La tormenta de Aristóteles

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En su obra Ética Nicomáquea, Aristóteles aborda las complejidades de la acción humana frente a circunstancias extraordinarias. Uno de sus ejemplos más memorables es el del capitán de un barco que, sorprendido por una tormenta, se enfrenta a una decisión moral difícil: arrojar la carga al mar para salvar la vida de la tripulación y preservar la embarcación o naufragar perdiéndolo todo. Este dilema, revela profundas enseñanzas éticas y filosóficas sobre la naturaleza de la virtud, la deliberación y el bien común.

El filósofo clasifica esta acción como una decisión necesaria para un bien mayor: la preservación de vidas humanas y del barco. La virtud reside en actuar conforme a la razón práctica, que evalúa las circunstancias específicas y toma decisiones dirigidas hacia el bien común, incluso si implican sacrificios personales.

La clave está en la moderación y la prudencia que guían al capitán a equilibrar entre el bien inmediato y el bien a largo plazo. Arrojar la carga no es un acto impulsivo ni desesperado; es el resultado de un juicio racional que prioriza la vida sobre la riqueza material. Nos enseña que la virtud ética es una práctica contextual, situada en la complejidad de la vida real, donde las decisiones deben tomarse bajo incertidumbre y presión.

Deseo invitarlos a ver a Colombia como el barco y que se encuentra a menudo en medio de tormentas políticas, económicas y sociales que ponen a prueba nuestra capacidad de actuar con prudencia. La violencia estructural, la desigualdad y los dilemas éticos colectivos son como las olas que la golpean exigiendo sacrificios para avanzar hacia un bien mayor.

Sin embargo, en una democracia, la respuesta no recae en una sola persona. Los gobernantes, los legisladores, los jueces y, en última instancia, los ciudadanos desempeñan el papel de ese capitán que debe deliberar, decidir y actuar. Pero aquí surge un problema: muchas veces nuestras decisiones como sociedad no están guiadas por la prudencia, sino por intereses particulares, la polarización, la desinformación o el miedo. Nos falta la moderación para reconocer que ciertos sacrificios son inevitables si queremos salvar la embarcación.

Un ejemplo reciente es la implementación de reformas estructurales en temas como la justicia social, la distribución de la tierra, la salud, el salario mínimo y la educación. Estas reformas son necesarias para enfrentar la tormenta de la desigualdad. No obstante, en lugar de deliberar racionalmente sobre su necesidad y ajustarlas al bien común, el debate público se polariza, convertido en una lucha que erosiona la posibilidad de acuerdos virtuosos.

Arrojar la carga al mar puede implicar, en términos colombianos, renunciar a privilegios que benefician a unos pocos para garantizar el bienestar de la mayoría. Significa enfrentar con valentía y racionalidad las reformas que el país necesita, como la agraria, la rebaja de los megasueldos o grandes pensiones de los Congresistas, acciones contra la corrupción, la paz total o la transición hacia un modelo económico más sostenible. Pero, todos como capitanes debemos reconocer que estos sacrificios son necesarios para que no haya un naufragio colectivo.

Aristóteles también nos advierte que la virtud no radica simplemente en tomar decisiones difíciles, sino en tomarlas con juicio y deliberación. La tormenta, aunque violenta, no es una excusa para la irracionalidad. En nuestro país, esto se traduce en la necesidad de fortalecer nuestras instituciones democráticas y fomentar una ciudadanía crítica y deliberativa que pueda enfrentar las tormentas sociales sin caer en el populismo o la desesperación.

En última instancia, como colombianos, debemos reconocer que no hay soluciones fáciles a los problemas estructurales que enfrentamos. Las tormentas seguirán llegando, pero nuestra capacidad de superarlas dependerá de nuestra acción colectiva, de nuestra disposición a deliberar y actuar en función del interés general. Así como el capitán sacrifica la carga para salvar la embarcación y los tripulantes, nuestra sociedad debe estar dispuesta a dejar atrás intereses particulares en favor de una prosperidad colectiva que garantice la dignidad, la equidad, la paz y la justicia.

Columna de Opinión e-mail: tabaresluis@coruniamericana.edu.co

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