Cuestión de dignidad

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Mientras que en muchos países los gobiernos han implementado políticas eficaces para mejorar indicadores de desnutrición infantil, en La Guajira, la realidad es alarmante. Los niños Wayuu, enfrentan tasas extremadamente altas de desnutrición y mortalidad, lo que contrasta significativamente si comparamos a Colombia con los avances que han logrado.

Por ejemplo, en el Reino Unido, los sistemas de salud han hecho avances en la mejora de la salud infantil. Según el informe State of Child Health 2020, las tasas de mortalidad en países como Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte han disminuido considerablemente en las últimas décadas. En ese sentido, la tasa de mortalidad infantil en Inglaterra fue de 3.9 por 1.000 nacidos vivos en 2018, y en Escocia la tasa fue aún menor, con 3.2 por 1.000. Estas mejoras se han logrado gracias a políticas de intervención temprana, acceso universal a los servicios de salud y un enfoque integral en la prevención de enfermedades.

Un factor clave en estos avances y prevención ha sido la implementación de programas de vacunación casi universales con tasas de inmunización infantil que superan el 90%. Igualmente, las políticas de salud pública han reducido significativamente el tabaquismo durante el embarazo y han promovido la lactancia materna.

En contraste, la situación de los niños Wayuu es trágica. La desnutrición crónica sigue siendo la principal causa de muerte entre los menores de cinco años. Según el Instituto Nacional de Salud, entre 2012 y 2020, más de 5.000 de estos niños han muerto por desnutrición. Esta cifra no solo es alarmante, sino que refleja el abandono estructural que ha sufrido esta comunidad durante décadas.

La tasa de mortalidad infantil en La Guajira es una de las más altas de Colombia, con un promedio de 25 muertes por cada 1.000 nacidos vivos, una cifra abismal si la comparamos con los datos del Reino Unido. Las causas de esta tragedia son múltiples: la falta de acceso a agua potable, la escasez de alimentos, el aislamiento geográfico y la ausencia de un sistema de salud eficiente en la península.

Un aspecto crítico de la situación es la falta de infraestructura sanitaria. Los niños no solo carecen de acceso a servicios básicos de salud, sino que la malnutrición severa, combinada con enfermedades prevenibles como la diarrea y las infecciones respiratorias, lleva a tasas de mortalidad que en muchos casos podrían evitarse con intervenciones básicas.

La disparidad entre los indicadores de salud infantil en el Reino Unido y La Guajira es evidente. Mientras que los niños en este reino tienen acceso casi universal a servicios de salud, los niños Wayuu enfrentan múltiples barreras, incluida la falta de centros de salud cercanos y la ausencia de personal especializado. La desnutrición, que es prácticamente inexistente en los países desarrollados, sigue siendo una sentencia de muerte para miles de niños Wayuu cada año.

A diferencia del enfoque integral en la prevención que caracteriza a los sistemas de salud en estos países, las intervenciones en La Guajira han sido principalmente reactivas y de corto plazo. En lugar de implementar programas sostenibles, las acciones se han centrado en el Programa de Alimentación Escolar, lo cual no aborda las causas estructurales de la desnutrición.

Para concluir, la crisis de desnutrición infantil en La Guajira no solo es una tragedia humanitaria, sino un reflejo del abandono estructural que ha sufrido este departamento durante décadas. Mientras que en países como los del Reino Unido los avances en salud infantil han sido significativos gracias a políticas de prevención y acceso universal a servicios de salud, los niños Wayuu siguen muriendo por causas completamente prevenibles.

Cómo en La Guajira las comunidades siguen esperando respuestas coherentes y efectivas del gobierno considero que en Colombia la muerte por desnutrición de los niños Wayuu ya no es cuestión de leyes, decretos o sentencias de las altas cortes: Es cuestión de dignidad.

Columna de Opinión e-mail: tabaresluis@coruniamericana.edu.co

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