Espacio público y sociedad… ¿Cómo está Santa Marta?

Columnas de Opinión
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“La vida pública de una ciudad se constituye en sus calles, plazas, senderos y parques, y es en estos espacios donde se conforma el dominio público. Dicho dominio es toda una institución en sí misma, ella pertenece a la comunidad, y como cualquier institución, puede estimular o frustrar nuestra existencia", The Culture of Cities, Rogers, Richard. Según este concepto, el espacio público define a la ciudad. Inevitable preguntarse ¿qué tipo de ciudad es Santa Marta? Una ciudad en cuyo espacio público se observa una creciente marginalidad producto del deficiente control urbano, la decadencia de la cultura ciudadana, el deterioro de la seguridad, entre otros aspectos. El espacio público de Santa Marta reclama no solo acciones que le transformen desde lo estético, sino desde la gobernabilidad, y sea esta nuevamente capaz de producir estímulos en lugar de frustraciones.

La percepción que en propios y visitantes genera el espacio público de Santa Marta es de inseguridad. Esa percepción es producto, por un lado, del abandono físico que evidencian el deterioro de las plazas, andenes y vías, su incontenible invasión tanto en áreas construidas como en espacios verdes y la precariedad de la infraestructura de servicios públicos. Esta condición es reforzada por el desaseo reflejado en montañas de basura que se han normalizado hasta convertirse en parte del paisaje urbano de la ciudad.

De otro lado, está la conflictiva convivencia civil en el espacio público. La interacción social se convirtió en una actividad de alto riesgo debido a la intolerancia, la transgresión de normas de tránsito, los delitos, el aumento de presencia de habitantes de calle, el deficiente transporte público y el consecuente detrimento de la movilidad. Atropellar al otro parece ser la regla de coexistencia entre samarios. 

Pero lo anterior no se queda en una simple anécdota para la ciudad. Hay costos, y no solo económicos, que asumir como sociedad por resignarnos a ser parte del problema y no de la solución. Algunos costos se pagan con las vidas que se pierden en accidentes de tránsito. Según el Observatorio Estadístico de la Agencia Nacional de Seguridad Vial, y el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses en siniestros de tránsito, entre las 23 ciudades principales, Santa Marta se ubicó como la de mayor tasa por siniestros viales con una tasa de 11,9 fallecidos por cada cien mil habitantes (agosto/2024). De las víctimas reportadas la mayor proporción corresponde a usuarios en motocicletas con un 64%, un incremento del 16% de los casos comparando con el mismo periodo del año anterior.

En el plano económico, los samarios deben entender que asumimos altos costos para resarcir el efecto de la ingobernabilidad. Casos concretos, el pago de indemnizaciones financieras a invasores por restituir el espacio público; el subsidio de usuarios formales para disponer servicios públicos a los asentamientos irregulares; el pago de reparaciones de equipamientos e infraestructuras públicas vandalizadas por unos cuantos inadaptados sociales. Esto sin calcular el impacto de este conjunto de conductas para la ciudad como destino turístico. Cada vez más visitantes retornan a sus ciudades de origen frustrados por una u otra amarga experiencia sufrida durante su estancia en la ciudad.  Si regresan a este destino, es en muchos casos resignados porque “no hay para más”.

Superar esta condición de ciudad-destino marginal requiere del concurso de todos, tanto ciudadanía como institucionalidad. Pero las soluciones no deben quedarse en tratar de controlar la fiebre en las sábanas. Ejemplo de esto, instalar bolardos para cercar las plazas con el fin de impedir que los motociclistas y/o conductores de buses las usen como vías públicas. Se requieren soluciones de fondo e inteligentes que, además de aconductar a la ciudadanía, rescaten la identidad y su sentido de pertenencia.

“Los espacios públicos son un elemento clave del bienestar individual y social, los lugares de la vida colectiva de una comunidad, la expresión de la diversidad de su patrimonio común cultural y natural, y un fundamento de su identidad […]” Carta del Espacio Público (Instituto Nacional de Urbanismo de Roma).

Santa Marta es hoy un destino a pesar de su gente, pero cuánto más tiempo resistiremos así. ¿Como destino turístico y sociedad seremos capaces de ser y parecer?

Columna de Opinión e-mail: veruzkaaaron.t@gmail.com Twitter: @veruzkaaaron