Seamos justos: hablemos del hacinamiento carcelario

Columnas de Opinión
Tamaño Letra
  • Smaller Small Medium Big Bigger

La situación de los derechos humanos en las cárceles colombianas es crítica, principalmente debido al hacinamiento carcelario, que ha sido un problema persistente durante décadas. Este genera condiciones inhumanas, como la falta de acceso a servicios básicos, violencia interna, deficiencias en la atención médica y la vulneración de derechos fundamentales. A pesar de la gravedad de estas violaciones, las visitas de organismos internacionales de derechos humanos a las cárceles colombianas no son frecuentes.

De hecho, es uno de los peores de América Latina. Según cifras recientes del Inpec, el sistema penitenciario tiene una sobrepoblación de más del 25% en los centros carcelarios y en un 170% en las Estaciones de Policía. Esto no solo genera condiciones insalubres e inhumanas, sino que también propicia un ambiente donde la violencia, la corrupción y la falta de control estatal son comunes.

Si bien existen varios organismos internacionales que supervisan el cumplimiento de los derechos humanos en las prisiones, como el Comité Contra la Tortura de las Naciones Unidas y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH); se puede afirmar que las autoridades colombianas, en algunos casos, han mostrado reticencia a permitir la entrada de observadores internacionales, ya que esto podría exponer la gravedad de la situación y llevar a sanciones o recomendaciones que pongan en entredicho la política penitenciaria del país.

Además, aunque Colombia ha suscrito varios tratados internacionales sobre derechos humanos, la implementación de estos compromisos a nivel nacional no siempre es efectiva. Asimismo, no existía un marco legal claro que facilitara las visitas internacionales de manera regular y sin restricciones.

Colombia ha ratificado varios tratados internacionales en materia de derechos humanos, como la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes — adoptada en 1986—, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y la Convención Americana sobre Derechos Humanos. Estos tratados establecen obligaciones para proteger los derechos de los privados de libertad y permiten la supervisión internacional.

Afortunadamente, Colombia acaba de ratificar el Protocolo Facultativo de la Convención contra la Tortura (OPCAT) con el objetivo de establecer un sistema de visitas periódicas a cargo de órganos internacionales y naciones independientes a los lugares en que se encuentren personas privadas de su libertad, con el fin de prevenir la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes. La ratificación permite la creación de un Mecanismo Nacional de Prevención (MNP) que estaría encargado de monitorear las cárceles y colaborar con el Subcomité para la Prevención de la Tortura de las Naciones Unidas.

Entre otras, permitirá la cooperación con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y por lo tanto Colombia podría facilitar visitas y acoger sus recomendaciones para mejorar las condiciones en las cárceles.

Adicionalmente, podrá mejorar los mecanismos nacionales. Esto incluiría la creación de mecanismos independientes de supervisión de los derechos humanos en las cárceles, con participación de la sociedad civil y apoyo internacional.

Igualmente, podrá fortalecer las instituciones nacionales encargadas de proteger los derechos humanos en las cárceles, como la Defensoría del Pueblo, para que puedan colaborar eficazmente con los organismos internacionales.

Por todo, es fundamental que el gobierno colombiano muestre un compromiso claro con la transparencia y la cooperación internacional en materia de derechos humanos. Esto incluye permitir visitas sin restricciones a las cárceles y acoger de manera constructiva las recomendaciones internacionales.

Para concluir, el hacinamiento y la violación de derechos humanos en las cárceles colombianas son problemas que requieren atención urgente tanto a nivel nacional como internacional. La falta de visitas de estamentos internacionales se debe a una combinación de factores, incluyendo la falta de voluntad política, limitaciones legales y un marco institucional débil. Para remediar esta situación, Colombia al ratificar el Protocolo Facultativo de la Convención contra la Tortura, fortalece sus mecanismos nacionales de protección y muestra una mayor apertura a la cooperación internacional. Solo así se podrán garantizar condiciones dignas para los privados de libertad y se podrá avanzar hacia una justicia verdaderamente respetuosa de los derechos humanos.

Columna de Opinión e-mail: tabaresluis@coruniamericana.edu.co

Síganos en nuestras redes

Más Noticias de esta sección