500 años de Santa Marta, ¿sin pena ni gloria?

Columnas de Opinión
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A un año de que Santa Marta conmemore sus primeros 500 años, nos bruma la sensación de ser esta una oportunidad perdida. Este acontecimiento ha debido ser la oportunidad para estructurar y gestionar ante el gobierno central y entidades internacionales proyectos de alto impacto para solucionar los graves problemas que aquejan a los samarios, limitan la competitividad de sus sectores económicos y deterioran la calidad ambiental del territorio.

En lugar de eso, los gobiernos que durante una década tuvieron la responsabilidad de estructurar este proceso,  basado en la ley 2058/2020, no fueron capaces de aprovechar esta gran ocasión debido a su ya demostrada incompetencia y obsesión por darle a la administración pública un manejo ideologizado y excluyente para satisfacer los caprichos de sus líderes políticos. Pero, la responsabilidad de esto no es exclusiva de estos gobernantes mezquinos, gran responsabilidad debe asumir integralmente la sociedad por haber sido inferior al compromiso que este momento histórico demandaba de todos.  Al gobierno actual le corresponderá la imperiosa tarea de convocar a todos los sectores para rescatar esta conmemoración hasta donde sea posible, y que esta, no vaya a pasar sin pena ni gloria.  

El reto del actual gobierno frente a esta conmemoración consistirá no solo en priorizar los escasos recursos después de recibir “una olla raspada” y una entidad desvalijada, sino en asegurar que la estructuración de los proyectos que se adelanten en el marco de la conmemoración corresponda al nivel técnico que ameritan los problemas que se pretenden solucionar. Es necesario enfatizar este aspecto, pues durante los últimos gobiernos la planificación de la ciudad fue víctima de la incompetencia técnica que reflejan los pobres resultados en la gestión del desarrollo territorial. No solo continuaron con las prácticas burocráticas de los políticos tradicionales a quienes tanto cuestionaban, sino que condenaron a la ciudad a sufrir los efectos del manejo clientelista que le dieron al diseño y ejecución de proyectos. Basta con repasar los costosos y fallidos estudios para la solución de la crisis del agua, los cuales, no obtuvieron la viabilidad técnica para la cofinanciación del gobierno nacional del que era oposición ni del que eran afín.

Las decisiones de inversión las toman los gobiernos de turno, pero esto no excusa que el liderazgo de sectores sociales y económicos locales se mantuviera al margen, sin exigir al menos, un mayor rigor técnico en la planificación de la ciudad. Durante la última década, de nada valieron las comunidades académicas, profesionales, gremiales, sociales y políticas presentes en el territorio, pues estas prefirieron asumir un perfil bajo mientras la anarquía técnica se tomaba la institucionalidad. Producto de esto, miles de millones de pesos fueron a parar a obras cosméticas que poco o nada le aportaron a la ciudad, y en otros casos, a los bolsillos de algunos servidores públicos, cuyas imparables prácticas corruptas siguen sin sanción judicial debido a la complacencia de órganos de control y del sistema de justicia.    

Se perdió un tiempo preciado con miras al V centenario de la ciudad, pero no es demasiado tarde para que, como legado de este, se inicie una sólida gestión técnica y financiera de proyectos. Para esto, es necesario contar con el respaldo técnico de firmas de consultoría con trayectoria comprobada. Si Santa Marta quiere una segunda oportunidad en el terreno de la competitividad, debe comenzar por romper ciclo de mediocridad técnica a partir de la gestión de estudios técnicos serios, solo así podrá acceder a la inversión público y la atracción de la privada. 

Ahora bien, todo el esfuerzo no puede reposar en el sector público. Bien dice el viejo adagio que “obras son amores”, en tanto, ¿cuál va a ser la contribución de los empresarios en este propósito de ciudad?   

No obstante 500 años de historia, el impacto de la deficiente gestión pública y el pobre liderazgo del sector privado durante la última década ha sido demoledor para la ciudad. Sea esta conmemoración y sus retos, motivo para reflexionar sobre lo dicho por Churchill: “La principal diferencia entre los humanos y los animales es que los animales nunca permitirían que los lidere el más estúpido de la manada”

Columna de Opinión e-mail: veruzkaaaron.t@gmail.com Twitter: @veruzkaaaron