La importancia de transformar los conflictos

Columnas de Opinión
Tamaño Letra
  • Smaller Small Medium Big Bigger

Escrito por:

Luis Tabares Agudelo

Luis Tabares Agudelo

Columna: Opinión

e-mail: tabaresluis@coruniamericana.edu.co

El conflicto puede definirse como un proceso dinámico y multifacético en el que dos o más partes perciben que sus intereses, valores, necesidades o deseos están en oposición o son incompatibles.

Pueden manifestarse en diversas formas, desde desacuerdos menores hasta enfrentamientos abiertos, y puede ocurrir en cualquier nivel de la interacción humana, ya sea interpersonal, grupal, organizacional o internacional. Son una parte inherente de la vida y su presencia es un indicativo de la diversidad de opinión, creencias, pensamientos, valores y aspiraciones en la sociedad.

En este sentido, cuando hablamos, debatimos o nos enfrentamos a cualquier tipo de conflicto, es fundamental entender que en sí mismo no es ni positivo ni negativo; su carácter se define por la manera en que se gestiona. Un conflicto bien gestionado puede conducir a resultados constructivos, como la resolución de problemas, la innovación y el fortalecimiento de las relaciones. Por el contrario, una gestión inadecuada puede llevar a la escalada de tensiones, la ruptura de relaciones y el aumento de la inequidad y la injusticia.

Ahora bien, la interdependencia entre la paz, la seguridad y la justicia es esencial para comprender la dinámica de los conflictos tanto familiares como sociales. Estas tres dimensiones están intrínsecamente relacionadas, y cualquier análisis debe considerar cómo se influyen y afectan mutuamente. La paz no puede existir sin seguridad, y la seguridad no puede mantenerse sin justicia. La justicia, a su vez, se ve reforzada por un entorno pacífico y seguro.

De hecho, el conflicto presenta características comunes y diversas que deben ser analizadas con detenimiento. Se desarrollan en contextos socioculturales y estructurales específicos, y están influenciados por factores coyunturales, así como por el tiempo y el espacio en que ocurren. Es vital considerar estos elementos para entender las particularidades de cada uno y diseñar estrategias de gestión adecuadas. Por ejemplo, los conflictos familiares pueden estar influenciados por dinámicas de poder, roles de género, machismo y expectativas culturales, mientras que los sociales pueden involucrar cuestiones de identidad, acceso a recursos y estructuras de poder más amplias.

Puesto que no surgen en el vacío; tienen antecedentes y una dinámica particular en las relaciones humanas ya que pueden variar en intensidad, frecuencia, magnitud y efectos, manejar esto permite identificar lecciones aprendidas de conflictos pasados y aplicarlas a situaciones actuales, mejorando así la efectividad de las estrategias para gestionarlos.

En cuanto al manejo, la actitud que asumamos es crucial. La relación que establecemos frente al conflicto puede determinar si este se convierte en un peligro o en una oportunidad. Debemos desempeñar un papel fundamental al facilitar el diálogo y promover soluciones pacíficas, ayudando a transformarlos en oportunidades de crecimiento y mejora. Nuestra mediación no solo se trata de resolver disputas; también implica empoderar a las partes para que reconozcan y comprendan sus diferencias, y trabajen juntas para encontrar soluciones mutuamente beneficiosas.

Si los manejamos adecuadamente se pueden fortalecer y mejorar las relaciones, permitir el reconocimiento de todos y abrir la posibilidad de la autodecisión. Una gestión efectiva requiere habilidades y enfoques específicos, como la comunicación efectiva, la empatía, la negociación y la resolución. Estas habilidades no solo son esenciales, sino que también son fundamentales para el desarrollo personal y profesional.

En síntesis, la forma en que manejamos los conflictos determina si estos se convierten en una amenaza o una oportunidad. Es fundamental abordarlos con una perspectiva que reconozca la importancia de las relaciones humanas para así construir una sociedad más pacífica y segura.

Para concluir, la urgencia de resolverlos y que no trasciendan radica en que se pueden volver violentos. Nunca olvidemos que el nuestro se originó con la muerte de Jorge Elieser Gaitán, para luego evolucionar a la época de la violencia y desde ahí nos estamos matando. La solución era fácil: reforma agraria, empleo, justicia, tierra para los campesinos, participación política, acciones de Estado en la Colombia profunda y equidad. Pero lo dejaron trascender y desde 1948 no ha parado la violencia.

¿Ven lo importante de transformarlos?

Más Noticias de esta sección