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Historias impresas

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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com



Si enfocamos una cámara fotográfica o un teléfono celular hacia un objetivo, buscamos captar una determinada imagen de ese momento. Para Donald McCullin en la fotografía se trata de sentir para transmitir nuestras emociones a los observadores. Una imagen fotográfica debe narrar una historia; según David Golblatt es como escribir un párrafo o una pieza corta. Cuando Louis Daguerre patentó el daguerrotipo en 1839 mejorando la heliografía de Joseph Nicéphore Niépce, jamás imaginó todo lo que vendría después; Niépce construyó la puerta que condujo a un multiverso impresionante, la fotografía; Daguerre giró la llave que abrió la cerradura y Henry Fox Talbot, inventor del papel fotosensible, el calotipo, fue quien empujo la puerta que nos introdujo a ese universo de universos.

Explorar una antigua fotografía nos transporta hacia tiempos lejanos y episodios pasados que cada vez que la observamos cuenta nuevas historias. Una imagen debe generar impactos emocionales cuando es observada; un paisaje rural o urbano, una persona o un grupo, un objeto, una calle, un ave, un caballo, una flor con un insecto, un músico callejero o una danza, un episodio determinado o una toma casual, todo puede ser plasmado en un papel. Siempre hay varias historias detrás: la del fotógrafo, la del fotografiado y la del observador.

La fotografía es un arte moderno que sobrepasó la prueba del tiempo. Cada día hay más sofisticación en las cámaras, composiciones, colores, encuadres, iluminación y un sinfín de aspectos que escapan a los legos pero que entusiasman a conocedores y profesionales. La segunda mitad del siglo XIX vivió el registro gráfico de acontecimientos extraordinarios, incluso cotidianos. Ayudaron sustancialmente la disminución del tamaño de los aparatos y la aparición del carrete de celulosa, abaratando costos y facilitando el acceso de muchísimas personas a estos dispositivos. La fotografía se democratizaba; aficionados y profesionales registraron los acontecimientos de su entorno. Hoy, todos tenemos un teléfono celular diseñado para tomar fotos de buena calidad.

Un álbum de antiguas fotografías a blanco y negro quizás no represente mucho para la mayoría de las personas cuando la excesiva difusión de fotos coloridas ha saturado las redes sociales, muchas intrascendentes y otras de magnífica factura; están expuestas a la inmediatez contemporánea y muchos buenos trabajos naufragan en un mar de banalidad. Antiguamente, cuando las fotografías significaban costos importantes y la humanidad presentaba avances interesantes o cuando ocurrían acontecimientos trascendentales, una buena imagen recibía merecido reconocimiento. Por ejemplo, existe una foto tomada en 1876 de autor desconocido que muestra a la selección inglesa de futbol, el primer registro que se conoce de un equipo deportivo; hoy se toman muchísimas fotos de equipos y partidos. La primera fotografía aérea muestra a Boston en 1860; James Wallace Black la tomó desde un globo aerostático a 2000 pies de altura. Robert Cornelius registró en 1839 lo que se considera la primera selfi; dados los mecanismos de las antiguas máquinas y la baja sensibilidad del papel de entonces, Cornelius posó durante 15 minutos. Con sus fotos de 1911, Hiram Bingham mostró Machu Picchu al mundo.

Son famosas y escalofriantes las imágenes del monje budista Thich Quang Duc quien en 1963 se inmoló con fuego para denunciar la persecución que sufrían por parte del gobierno vietnamita. La bárbara crudeza de la guerra de Vietnam quedó registrada para siempre: Kim Phuc fue una de las víctimas de las bombas napalm lanzadas contra una aldea por la aviación estadounidense; la foto tomada por Nick Ut fue denominada “La niña del napalm”, ganadora de los premios World Press Photo y el Pulitzer. Las hambrunas en África fueron mostradas al mundo con los trabajos de Mike Wells en Uganda y Kevin Carter en Sudan; sobrecogedores registros de famélicos y moribundos seres humanos que aún no logran sensibilizar a las sociedades “avanzadas”, donde campea la obesidad y diariamente se desperdician grandes cantidades de alimentos. No todo es tragedia; otras fotos maravillosas, verdaderas historias impresas, nos muestran facetas más amables de la humanidad.



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